ASTRANA MARÍN Y LA MÚSICA

 

Antonio Rodríguez Saiz - Cuenca, Mayo 2018

 

 

“Ser músico parecía a aquellas
sencillas gentes de mi amado pueblo
la cosa más vil del mundo”
(Luis Astrana Marín)



No es infrecuente, al menos antes, que al tener que decidir a edad temprana sobre la formación e instrucción para adquirir conocimientos sólidos que debe seguir un alumno, la idea e interés de éste colisionen frontalmente con los deseos de sus progenitores o tutores.

No fue extraño ni ajeno a ello Luis Astrana Marín, quien con el transcurso del tiempo llegaría a ser gran investigador por el buen saber en el arte de leer, descifrar inscripciones y documentos, fruto de su amplia cultura y esfuerzo que le llevaría a la consecución de la gran obra en el campo literario que nos dejó.

Nacido en la villa conquense de Villaescusa de Haro en 1889, puede decirse, y más en su caso, por haber nacido en el mundo rural que los años de su infancia transcurrieron alrededor de la música que produce la naturaleza y el medio, como expresión de sentimientos artísticos, emociones:  trinos, gorjeos, silbido del viento con su inconfundible sonido, susurro de las flores silvestres, cántico de los árboles e incluso el melodioso silencio que a personas sensibles transmiten sensaciones y un sentimiento agradable, aunque parezca inverosímil.

Quizás lo anterior y sin duda las continuas visitas del pequeño Luis a la iglesia parroquial de San Pedro en Villaescusa, donde sobresale su primorosa capilla de la Asunción, monumento nacional, para escuchar el órgano con gran entusiasmo e interés despertaron en él una desbordante pasión por la música pese a que su familia y paisanos creyeran al ver traspasar la puerta de la iglesia, una y otra vez, que era debido a su incipiente vocación religiosa; ello sería razón para encaminar su formación por el ámbito hacia el sacerdocio por parte de sus progenitores resolviendo enviarlo a estudiar al Colegio de los frailes franciscanos de Belmonte, lugar donde Fray Luis de León vio por primera vez la luz, hecho que siempre contó con su oposición, respondiendo una y otra vez que el motivo de su resistencia no era otro “ que porque deseaba ser músico”.

En su primer libro, que Astrana Marín publicó el año 1915, cuando contaba con 26 años de edad, titulado LA VIDA EN LOS CONVENTOS Y SEMINARIOS (Memorias de un colegial) nos descubre variados aspectos sobre su interés por ser músico y su nula y falta de vocación para el sacerdocio; según cuenta en los primeros años de su vida tuvo que soportar algún que otro castigo corporal por aquel manifiesto deseo “más azotes me valió aquella declaración que corcheas escribió Beethoven”, lamentándose que para las sencillas y nobles gentes de Villaescusa de Haro, ser músico era lo más vil que existía en el mundo, llegando a ser comparado con su tío y haber salido a él “que está siempre entre cómicos y danzantes”, un bohemio que había dilapidado la fortuna en la Villa y Corte, sin ningún crédito en el pueblo.

Efectivamente cuando aprobó el examen de ingreso quedó como alumno interno en el Colegio de Franciscanos  del vecino pueblo, donde se pudo apreciar su inteligencia, rebeldía, inclinación y afán por la música e inclusivamente le propusieron que durante las vacaciones de verano le enseñarían el solfeo y posteriormente tocaría el nuevo piano adquirido. El joven Astrana declinó la invitación porque se encontraba más a gusto con la música de trinos, gorjeos…. , en su pueblo natal.

Pese a ello en el Colegio encontró a un franciscano que le enseñó solfeo, con vistas a adquirir conocimientos sólidos. Según Astrana Marín fue el único fraile que le pareció listo y razonable, bondadoso y asequible. Estudiaría música cuatro años y en frase suya manifestaba que “por entonces me desvirgue de poeta y músico”. Sus padres ante ello comprendieron que estaban equivocados y era cierta su pasión por la música.

Fue allí en el Colegio belmonteño, según su primer libro, donde puso música a un “Parce mihi, Domine” (Libérame, mi Señor) con acompañamiento de órgano que estrenó en la misa de funeral conmemorativa, celebrada por el alma del conde fundador del convento, Juan Pacheco, I marqués de Villena, y quienes la escucharon manifestaron que estaba bien, aunque él con su espíritu crítico que nunca le abandonaría, la consideró incorrecta.

Una noticia desgraciada y triste vino a alterar y perturbar su vida. Sucedió a los pocos días de cumplir 17 años.

A consecuencia de una tarde lluviosa y tormentosa después de una mañana calurosa, propia del mes de agosto que Astrana describe detalladamente en el libro de referencia de este artículo, y explica cómo llegó a cobijarse empapado hasta los huesos, igual que su caballo, ocasionándole un fuerte catarro y posterior pulmonía que le afecto a los oídos. ¡Sordo! ¡Dios mío! Exclamaría con profundo dolor ante el triste hecho mientras le atormentaba la incapacidad que se iba a apoderar de él, en pleno inicio de juventud. Su lamento fue grande, no podrá percibir los sonidos que depara la Naturaleza, ni la voz de sus seres queridos al tiempo que recordaba la música de Chopin, Beethoven, Schumann, Schubert,…

Recordó en aquellos tristes días a Beethoven, el divino sordo, atormentado y angustiado cuando aparecieron los primeros síntomas de sordera a sus 27 años y la dificultad para oír, cada vez mayor aunque continuaba tocando el piano componiendo extraordinarias sinfonías y sus mejores obras. Era tremendo el estado de ánimo del joven villaescusero como se ve en este testimonio: “he querido deleitarme con la Sonata Patética que dicen fue escrita por Beethoven al ensordecer. Sus sonidos maravillosos y de todo punto incomparables no han herido mis oídos con la intensidad de antes y como el músico incomparable de Bonn también he inclinado mi cabeza sobre el reluciente teclado y he llorado amargamente… ¡He llorado por él y por mí!”

Mientras, recordaba obras del músico y compositor alemán: “Fidelio” “Prometeo” “Cristo en el Huerto de los Olivos” y sus sinfonías espectaculares o haciendo mención a la gran obra de Beethoven Sinfonía Pastoral o Sexta Sinfonía, una de las mejores donde se palpa el paisaje rural y la belleza que encierra.

Pero, la pasión de Astrana Marín por la música no fue en decadencia y declive por su incipiente sordera y así recuerda que en el verano de aquel año en la fiestas patronales en honor de Nuestra Señora del Favor y Ayuda, el párroco del pueblo que continuaba siendo el mismo le pidió que en la misa solemne interpretase alguna pieza musical y así lo hizo ejecutando al órgano el preludio y gran fuga en “la menor” de Juan Sebastian Bach; después seguiría otra fuga “en mi menor” de Mendelsohn interpretada con mejor nivel que la primera. Se vería muy gratificado y contento por ello y con deseos de haber tocado música de Chopin, Beethoven y Grieg. Todo ello sucedió antes de dar comienzo el último curso que iba a estudiar en el Colegio de Belmonte y concluir aquí sus estudios en la siempre recordada patria del insigne poeta y prosista Fray Luis de León.

Continúa sus estudios en la capital de la provincia que él llama Episcópolis. Por no ser éste el motivo de este artículo omito todas las descripciones que hace del colegio de Belmonte y Seminario de Cuenca y evito toda la etopeya para seguir centrándonos en su afición musical y su gran interés por ella, sin ninguna vocación, que continúa, para el sacerdocio. Se matrícula externo en el seminario de Mangana y se adapta con prontitud a tener una existencia alegre y libre donde como decía Cervantes por boca de Sancho, siempre la música es indicio de regocijos y de fiestas.

Pronto se dieron cuenta sus profesores en el nuevo centro de las aptitudes y conocimientos de música que tenía el ya joven Astrana y le ofrecieron una beca de organista del seminario de la diócesis conquense que, sin dudar desestimó claramente porque su deseo era no estar interno a costa de todo y tener la mínima relación con el centro y profesores. A propósito de ello, contaba que en una ocasión le hicieron tocar el armonio, pequeño órgano parecido al piano, en la capilla y él para fastidiar y mofarse del profesorado, que no se enteró, interpretó Los Hugonotes, obra protestante que narra la masacre de los hugonotes franceses (protestantes) a manos de sus compatriotas católicos el célebre día de San Bartolomé en agosto de 1572; felicitado por el rector del seminario éste le invitó a que pasase todas las tardes por el despacho del rectorado y tocar el magnífico piano, hecho que ocurrió una vez para hacerlo mal en ánimo que no lo llamaran más.

Su condición de seminarista externo en la ciudad del Júcar y Huécar le proporcionó amplia libertad para ser participe en tertulias literarias, noches de fiestas y en alguna ocasión en la calle Pilares al inicio de la Bajada de las Angustias, tocando al piano valses amenizando el baile con conocidos e incluso para ganarse un necesitado dinero llegó a tocar en el Circulo de la Constancia de Cuenca, por aquel tiempo tenía su sede en la calle Madereros (hoy Carretería), su primera sede hasta 1921 que se trasladaría a su edificio junto al parque San Julián, allí después estuvo el reconocido Café Colón. Compuso un pasodoble dedicado al Casino que tuvo una pequeña reseña en la prensa de aquel tiempo que decía “el inspirado y joven compositor D. Luis Astrana Marín dedicó un bonito pasodoble para piano “Constancia” estrenado el 5 de marzo de 1909 en la sede del casino interpretado por el maestro Cuesta”, a cuya búsqueda de la partitura he dedicado tiempo sin conseguir encontrarla. Era Cuesta un pianista por quién Astrana sentía gran admiración “bajo sus dedos llegan las notas con raudales de luz que hacían hablar al piano bajos su ágiles dedos” para quien la música era el lenguaje del alma y el vino, el del cuerpo, porque “es genio además de bebedor”.

En aquel tiempo, coincidiendo con la Semana Santa, a principios de abril, estrenó Astrana otra obra dedicada a la memoria del excelente compositor y mejor violinista de su época Pablo Sarasate que había fallecido unos meses antes en Biarritz, obra que fue calificada entonces de corte expresiva, dulce y melancólica.

Ese año la Semana Santa conquense, en la actualidad Declarada de Interés Turístico Internacional, tuvo por primera vez procesión el Domingo de Ramos, sin imágenes y se integraron en la procesión del Miércoles Santo los pasos de Jesús en el Pretorio y Virgen de la Amargura y San Juan.

Marchó de Cuenca aquel año doloroso, triste y pesimista, recordando, entre otros, su cariño e interés por la música y el lamento de que en Cuenca no había “ni una rondalla, ni una estudiantina, ni conciertos”.

 

Dos años después de su marcha de la capital compuso y estrenó (1911) una mazurca de salón para piano, baila entonces de moda, que llevaba el título de “Galantería” dedicada a su amigo Rafael Rubio Santa Cruz, pianista como su hermana Herminia, ambos tocaban periódicamente en el Círculo de la Constancia y en el Café La Unión, amenizando las veladas. Rafael y Herminia eran hijos de Casimiro Rubio, segundo director que tuvo la Banda Municipal de Cuenca a quién sucedió su hijo Rafael en 1920; había sido aprobada su creación en el pleno municipal de 16 de diciembre de 1895 y era alcalde y autor de la propuesta Santos Fontana. A propósito de ello, manifestar que Casimiro Rubio tenía fama de director vigoroso, vehemente y de fuerte temperamento, con gran movilidad al dirigir no imitado por su hijo Rafael, admirado pianista, amigo de Astrana Marín a quien como se ve dedicó la mazurca. Era según quienes le conocieron pulcro y elegante en el vestir, de voz áspera y ronca. Falleció joven.

Cuando el ilustre escritor e investigador, Astrana Marin se estableció definitivamente en Madrid el año 1911 y siguientes realizó distintas colaboraciones periodísticas, algunas de tematica musical, en gran medida como medio de subsistencia. Entre otros escribió en diario La Mañana (periódico liberal socialista); La Ilustración Española y Americana (importante y acreditada revista quincenal de amenidades, fundada en 1860); El Radical (diario republicano, fundado por el político, Alejandro Lerroux); Revista Alrededor del Mundo (semanario costumbrista, ilustrado)…

En el primero citado la mañana, diario de información general y política escribia Astrana una pequeña columna de información: Cronica Musical. En una de ellas apareció una entrevista realizada al autor de “La Verbena de la Paloma” celebre y reconocida zarzuela, bajo el titulo “Oyendo a Breton. Quejas, juicios, consideraciones…y otras cosas” donde, el violinista y compositor salmantino desgranó su éxito con “La Dolores”, en Italia; su opinión sobre operas, operetas y trabajo actual, extendiendo y expresando su disgusto “por la apatía que se tiene a la música española”, con critica negativa para los gobierno. Pero, la respuesta que levantó controversia y enfado como se verá, incluso del propio Tomás Breton fue, la que este dio al ser preguntado por Luis Astrana Marin sobre la altura que se encontraba el Conservatorio de Madrid. El escritor conquense no respetó el “off the record” sólo para suministrar información al periodista y lo publicó con el consiguiente disgusto del renombrado Breton y en el siguiente numero de La Mañana apareció una carta suya de aclaración o justificación y respuesta de Astrana que me permito incluir a continuación.

 

¡Genio y figura de don Luis durante toda su vida, que tantos disgustos le acarreó a lo largo de su existencia¡  

No adquiriría fama como músico el ilustre Luis Astrana Marín porque tuvo más fuerza en él su interés por el mundo de la investigación donde se rodeó, por su trabajo infatigable y sus hallazgos de un reconocido prestigio.

Ello no le quitó su constante interés por el mundo de la creación musical hasta el instante de su repentino fallecimiento a causa de una embolia cerebral el último mes de 1959 cuando el invierno estaba a punto de hacer acto de presencia, tenía 70 años.