LA CALLE DE LA MONEDA Y SU “CASA INCLINADA”

Antonio Rodríguez Saiz - Octubre 2018

 

Cuenca ciudad piramidal, surgida de arriba hacia abajo, forjó a través de siglos una diversidad de calles, callejas y plazuelas que dio como resultado un conjunto urbano espectacular, o al menos, difícilmente comparable; original con sus puertas y postigos en la muralla que arropaba y protegía a la capital.

Sobre el espacio de la parte alta de Cuenca, me he referido, en algunas ocasiones, a calles  rincones antiguos que permanecen; otros han sido recuperados felizmente para su utilización, disfrute de conquenses y visitantes.

Cercana y paralela al rio Huécar a su paso por la ciudad se ofrece a la vista una calle reducida en su recorrido, sencilla, peculiar, umbría, pintoresca, que discurre entre edificios estrechos; en la parte superior de sus casas casi llegan a tocarse. Evocan y recuerdan historias y leyendas de tiempos pretéritos.

Su nombre: CALLE DE LA MONEDA, que discurre entre la calle Cardenal Payá (Plazuela de las Escuelas) y el inicio de la calle Alonso de Ojeda (antes Bronchales y del Teatro.

Casas y calle de la Moneda que siempre han despertado atención y curiosidad por parte de nuestros artistas. Sirvan como ejemplo de ello algunos pintores que dejaron reflejados con sus lápices y pinceles este singular espacio ciudadano.

El excelente pintor catalán Jaime Serra Aleu, de vida bohemia y estilo de vida apartado de convencionalismos sociales, que vivió durante 20 años en Cuenca, hasta su muerte la representó en un cuadro que tituló “Calle de los Fidalgos” presentado en la Exposición Conquense de 1921 que tuvo lugar en el Ateneo de la capital de España como bien nos recordaba recientemente José Vicente Ávila en su interesante espacio semanal de radio.

Wifredo Lam, pintor cubano, mestizo, durante su estancia en Cuenca (1924-27) igualmente realizó un apunte al natural de esta calle aparecido en La Ilustración Castellana de donde fue colaborador.

 

Víctor de la Vega, pintor y profesor, en su libro “Cuenca intima” (1957 y reeditado) nos muestra en el dibujo que hace el número 1 de los 96 que consta la publicación, la parte posterior de las casas de la calle de la Moneda que, como en gran parte de ellos, nos da una visión de algunos aspectos de la ciudad ya desaparecidos. Importante y meritoria obra de este pintor conquense la que ha dejado en la provincia de Cuenca.

Ya en el siglo XV existía la calle de la Moneda con este nombre que erróneamente de forma continua, aunque casa vez menos, se atribuye el mismo al haber estado aquí la Casa de la Moneda de Cuenca, cuando nunca en esta calle se fabricó o emitió moneda. Sí en tres lugares de la ciudad.

Se ha considerado igualmente otro origen del nombre de la calle. Sobre ello la autorizada y fiable del profesor Sánchez Benito nos dice: “El espacio urbano de Cuenca en el siglo XV nos indica el error de considerar esta denominación. Sólo con imaginación se puede atribuir el origen de esta calle a la modificación del término al- moneda, según se ha pretendido recientemente. Nada lo prueba y menos aún la existencia, por cierto frecuente y general de almonedas durante la época medieval”.

Ha sido la calle de la Moneda, en constante provocación a la plomada, testigo de hechos históricos importantes. Cabe recordar, al menos, uno de ellos; sucedio en los días aciagos de julio de 1874 al tomar las tropas carlistas la ciudad cometiendo toda clase de tropelías, desmanes y crímenes que durante décadas estuvieron presentes en la memoria colectiva de esta ciudad pacifica.

Fue por la calle de la Moneda inconsistentemente perseguida por falta de suficientes efectivos, el lugar más vulnerable, por donde las tropas carlistas entraron en la capital que estaba defendida junto con la Puerta de Valencia por el comandante de carabineros retirado, Ismael González, al romper el ligero y de poco espesor tabique de una pequeña puerta simulada penetrando al amparo de la oscuridad nocturna  y con ayuda de traidores que facilitaron el acceso a los invasores carlistas al mando del brigadier Villalaín, que hostigaban constantemente con disparos desde los tejados de la vecina calle de los Tintes, nombre este que, como se sabe es debido a que en siglos pasados se lavaban las lanas aprovechando las aguas del Huécar y se realizaba el teñido de ellas. Todo ello según lo relata el periodista y escritor Santiago López testigo  presencial de los sucesos.

La calle de la Moneda fue en el siglo XVI (según está documentado), morada y albergue de brujas; según el común de la gente tenían un pacto con el demonio y por medio de este hacían actos extraordinarios y fuera de lo normal.

Tiene la calle de la Moneda con sus casas que despreciaban la ley de la gravedad – hoy restauradas en parte  y de nueva construcción otras- su leyenda, hecho que igualmente ocurre en otros rincones de la Cuenca Antigua, a consecuencia de la aproximación e inclinación de sus casas que llega casi a tocarse en su altura.

 

La leyenda o historia inverosímil forjada a través del tiempo, gracias al ingenio y cualidad innata para el invento de los ciudadanos nos narra lo siguiente: una judía hermosa y atractiva era vecina en la calle de la Moneda de un apuesto y rico caballero cristiano de modales distinguidos, con evidente diferencia de clase social. Sus casas estaban frente a frente y por sus ventanas se intercambiaban miradas, gestos y expresiones del rostro que denotaban algo que indudablemente llegó a producir una pasión amorosa correspondida entre los dos enamorados vecinos, permaneciendo en secreto esta relación hasta que desgraciadamente fueron descubiertos aquellos nobles sentimientos ignorados y ocultos de la pareja. Ello tuvo un desenlace infausto y trágico. A este episodio desgraciado puede el lector añadir un final, porque son varias las versiones que se dan en la fantástica narración. Sí que la fantasía popular – nos dice – que una fuerza valerosa y enérgica continuada a impulsos de aquel amor imposible para la época, seguía acercándose y aproximándose día a día. De ahí, la inclinación de las casas.

Con un gran paso en el tiempo y en el ámbito de la realidad nos situamos en las décadas de los 50 y 60 del siglo pasado cuando la calle de la Moneda era visitada, dibujada y fotografiada de forma perseverante y asidua, especialmente por foráneos, que empezaban a visitar la capital con mayor intensidad que en tiempos precedentes, con sorpresa al descubrir la singular calle, especialmente por la quebrada verticalidad de sus viviendas, casi uniéndose por lo más elevado de ellas.

Este interesante lugar pintoresco y de singular tipismo no era óbice para que las Corporaciones Municipales de aquellos años considerasen que lejos de estimar la calle un atractivo lugar turístico, proyectaba una imagen de Cuenca deteriorada, ruinosa y caduca, especialmente la llamada “Casa Inclinada” que figuraba entonces, marcada con el numero 12.

Estaba asentada la “Casa Inclinada” sobre un terreno cuadrangular irregular (trapezoidal) de 36,75 metros cuadrados de dos pisos y dos salidas al exterior de  5 metros aproximadamente entre la calle de la Moneda, por su fachada principal y calle de los Tintes, por la parte posterior. Lindaba por la derecha entrando con la casa que fue propiedad del Marqués de Valmediano y por su izquierda con la que había pertenecido a la capellanía o beneficio eclesiástico de Felipe Villalba. Por su parte trasera lo hacía con el rio Huécar paralelo a la calle de los Tintes.

La célebre casa fue adquirida por el ayuntamiento cuando la ciudad tenía 30.258 habitantes y era alcalde, Teodomiro García Pérez. Se compró a dos hermanos propietarios de la misma en escritura pública el 28 de agosto de 1966 ante el notario, Ángel Blanco Soler. Aprovecho porque es de justicia señalar que dicho fedatario, aunque no es del tema que nos ocupa, donó a la Biblioteca Pública de Cuenca el año 1973 y aquí permanece a disposición de los lectores, su biblioteca particular de 3200 monografías editadas mayormente en los siglos XIX y XX, primeras ediciones y ejemplares de importantes volúmenes  para bibliófilos, libros de arte, consulta, viajes…

El 7 de agosto de 1970 se publicó un edicto del Juez de Primera Estancia (donde figuran los datos anteriores), sobre la “incoación del expediente de dominio para la reanudación del tracto sucesivo interrumpido de la Casa Inclinada” según escrito de solicitud del alcalde, Andrés Moya López, por error dice José Andrés.

Actualmente la singular calle de la Moneda sigue con su atractivo y tipismo recordando centurias pasadas pero, eso sí, con una imagen más cuidada; sin pérdida de su originalidad y belleza considerando, que aquello bello para una persona puede no serlo para otra.