¡”VIVA LA PEPA”!, EN CUENCA AL CUMPLIR DOS AÑOS

Antonio Rodríguez Saiz - Marzo 2017 -

 

El 19 de marzo de 1812 fue una fecha muy importante para la historia de nuestro país, se promulgaba en Cádiz la primera Constitución Española. En ella se manifestaba los indispensables cambios económicos y políticos para el bienestar de los ciudadanos españoles.

Es harto sabido que el día de la festividad de San José el pueblo recibe la Constitución aprobada en esa fecha al grito de ¡Viva la Pepa!, con el anhelo de una España mejor y deseo de larga vigencia.

Desde la primera sesión de las Cortes el 24 de septiembre de 1910 hasta su aprobación, fueron varios e importantes  conquenses o vinculados a la provincia que estuvieron presentes en las deliberaciones de la Carta Magna e incluso tuvieron relevantes intervenciones pero no todos fueron afortunados de estampar su firma en la Constitución de 1812, bien por fallecimiento u otras causas como sucedió a Fernando Casado de Torres “El Rusiano”, nacido en Zafra de Záncara, por encontrarse ese día histórico retenido por los franceses en la capital del Reino.

Caso especial lo protagonizo el 58º obispo de Cuenca, Ramón Falcón Salcedo (1803-1826) sucesor de Palafox que nombrado diputado en sustitución del corregidor, Ramón Macía y Llopart, se le denegó su acta por la Comisión por defecto de forma.

¿Quiénes fueron los diputados representantes de la provincia de Cuenca que tuvieron el honor de estampar su firma bajo los 384 artículos, distribuidos en 10 títulos? Solamente cuatro.

  • Alonso Núñez de Llano y Ortega, nacido en Villagarcia del Llano, sobrino del arzobispo y virrey de Méjico; sería también diputado por Cuenca en varias legislaturas.

 

  • Diego Ventura de Mena y Cortés, primer conde de Buenavista Cerro, natural de Belmonte, hijo del regidor de Villa de don Fadrique.

 

  • Diego de Parada y Bustos, nacido en Huete, catedrático de Alcalá y diputado por la provincia conquense.

 

  • Manuel Rojas y Cortés, abogado y funcionario de la Real Hacienda, había nacido en Jorquera, hoy de la provincia de Albacete, pero entonces localidad perteneciente a la provincia de Cuenca.

Al tiempo que se aprobaba la Constitución de Cádiz por aquellos días, Juan Martin “El Empecinado” atacaba al ejército invasor francés en Cuenca e incluso en la ciudad se apoderaba de dinero, enseres y llego a incendiar el hospital de Santiago, donde los soldados de Napoleón aguantaban  sus envestidas.

Derivado de la Constitución y por el artículo 324 de la misma se creó la figura del Jefe Político o Jefe Superior “para promover su prosperidad; era nombrado por el Rey y tenía también que asumir la presidencia de la diputación en la provincia donde gobernaba.

El Jefe Político que, a la sazón, regía los destinos de Cuenca quiso celebrar el segundo aniversario de la promulgación de “La Pepa” en la ciudad con jubilosos festejos en la población y adornos en su propia casa donde coloco una gran pancarta en su fachada con estos versos llenos de sentimiento patriótico y de lo que la Constitución aprobada dos años antes en Cádiz representaba:

“Loor eterno al siempre fausto día,

Época tan feliz, quinto anhelada,

En que la nacional soberanía

Por la Constitución fue sancionada:

Huyó á su luz la infame tiranía,

Y por la misma senda ensangrentada,

El español de un pueblo soberano

Se elevó de vasallo á ciudadano,

Ve aquí, español, la eterna garantía

De aquel derecho santo imprescriptible

Que el pueblo tiene á la soberanía,

Y del que ya privarle es imposible:

Si algún déspota espera todavía

Violar tu honor, respóndele inflexible:

Aún hay Constitución que intrigas huella,

Y sangre en mí que derramar por ella

 

A la Constitución

Esta es la suprema ley,

Que hace al pueblo soberano,

Al vasallo ciudadano,

Y padre del pueblo al Rey.

No quedó solo en este hecho la celebración del 19 de marzo de 1814; se reenviaron estos versos al periódico de información general “Redactor General de España” que se imprimía en la imprenta Repullés en la Plazuela del Ángel en Madrid y se publicaron el 29 de ese mes (número 149), donde se había solicitado su inserción “para que tengan también el gusto de verlos algunos sujetos de esta corte, que tienen relación con aquel país, en cuya satisfacción se interesa este”. Al celo ardiente del Jefe Político de la provincia de Cuenca se unía, a mi juicio, su afán de notoriedad en los cenáculos políticos de la capital del Reino.

Duro poco la exultante y justa celebración del Jefe Político y aquellos españoles de buena fe que habían creído que Fernando VII “El deseado” cumpliría su promesa; se vieron consternados y el ánimo abatido. El rey felón declaro nula y sin ningún efecto pero de forma ignominiosa la Constitución de 1812 y restauraba el absolutismo: “Declaro que mi real animo es no solamente no jurar ni acceder a dicha constitución ni decreto alguno de las Cortes generales y extraordinarias, y de las ordinarias actualmente abiertas sino en declarar aquella Constitución y tales decretos nulos y de ningún valor ni efecto, ahora ni en tiempo alguno, como si no hubiera pasado jamás tales actos: El Rey”. Ocurrió el 4 de mayo de 1814.

A consecuencia de ello fue derogada la figura del Jefe Político de la provincia – antecedente del Gobernador Civil – dependiente del poder central; después sería restablecida en dos ocasiones esta figura (1820-23 y 1836-49). El conquense ya no pudo recibir desde su alto cargo al Rey Fernando VII en 1816 cuando visito la capital acompañado de su tío el infante, Antonio Pascual de Borbón y Sajoniz, hijo de Carlos III, alojándose en el Palacio Episcopal, huéspedes del obispo, Falcón Salcedo y según cuenta el canónigo Muñoz y Soliva “la ciudad les mostró el mayor alboroto y entusiasmo”.

Así fue, ¡Viva la Pepa!