La Plaza de Toros se inauguró con una función de circo

Antonio RODRÍGUEZ SAIZ - GACETA CONQUENSE

 

Cuenca tiene de muy antiguo una gran afición por los toros. Muchas veces a lo largo de su historia, y especialmente, en momentos y acontecimientos importantes se corrían vaquillas y se celebraban corridas de toros. Unas veces eran -y son- para celebrar la reconquista de Cuenca por Alfonso VIII, el día de San Mateo. En otras ocasiones, ante algún hecho singular como por ejemplo con motivo de la beatificación del rey Fernando III, por la colocación del cuerpo de nuestro glorioso obispo San Julián o por las fiestas del Corpus, San Abdón y San Senén, San Bernabé, San Juan y Santiago, etc.

Es muy conocida la original corrida que tuvo lugar en junio de 1642, con motivo de la visita que hizo a nuestra ciudad el rey Felipe IV, cuando se habilitó un redondel sobre las verdes aguas del río Júcar en el paraje del Recreo Peral, frente a la fuente del Abanico, con una valla más elevada por las dos márgenes del río y menor por la parte superior e inferior del mismo, donde había colocadas barcas que lucían bonitos gallardetes y que fue muy celebrada por todos.

Nos cuenta un historiador conquense cómo en una publicación del P. Mariana hecha en la ciudad de Colonia el año 1609 muestra su asombro por un suceso que, al parecer, ocurrió aquí, según la traducción al castellano que nos ofrece y dice: "Que un hombre sea muerto por diversión del hombre, hasta llevarla al extremo que Cuenca, ciudad noble y frecuentada en la Celtiberia, donde un toro que mató a siete hombres, fue consagrado a la inmortalidad sacando pinturas de la lidia y exponiéndolas en los sitios públicos me parece más bien un trofeo y aviso de la locura de sus ciudadanos que una apoteosis de la feria".

Eran cosos taurinos improvisados la Plaza Mayor, el Campo de San Francisco, los ríos Júcar, Huécar y otros. Nuestros antepasados se divertían y no voy a ser yo quien entre ahora en la polémica que ello conlleva.

 

EL ACTUAL COSO TAURINO

Pasando el tiempo, en Cuenca se edificaron plazas de toros como la de Pintado, otra junto al olmo de la Ventilla, Casablanca (la cual tuvo que derrumbarse por su poca seguridad) y la que existe en la actualidad inaugurada en las Ferias y Fiestas de San Julián del año mil novecientos veintisiete, siendo alcalde Cayo F. Conversa y cuyo proceso voy a relatar.

El día 31 de mayo de 1.925 la Corporación Municipal, según actas, en sesión extraordinaria, en segunda convocatoria incluía "Terrenos proyectada plaza de toros", en el octavo punto del orden del día.

Se habían presentado cinco ofertas correspondientes a las siguientes personas:

Paulino P. de Azaeta, quien lo hacía en nombre y representación de su esposa Josefa Jiménez, ofrecía diez mil metros cuadrados a la derecha del camino de San Antonio que lindaba con la carretera de Cuenca a Alcázar, a razón de cuatro pesetas el metro cuadrado.

Una segunda oferta era la de Antero Nieto, también entre el camino de San Antonio y la carretera citada, en el paraje denominado Rambla de Santa Isabel al precio de dos pesetas m2.

Faustino Martínez, Joaquín Jiménez Girón y Juan Llandrés para construir en terrenos de la fuente de S. Fernando a cuatro pesetas m2.

La oferta más generosa era la de Pablo M. Muelas quien regalaba una hectárea de terreno en el lugar que conocemos por Cruz del Bordallo.

Y la que sería elegida, presentada por Francisco Meler como mandante del conde de Santa Coloma, por el precio de veinticinco mil pesetas y veintiún mil doscientos treinta y cinco m2, situada junto a la reguera de Santa Ana.

Dos momentos de las obras de construcción de nuestra Plaza de Toros, según fueron recogidas en el semanario "La Ilustración Castellana", que por aquella época se editaba en Cuenca

 

Hubo posiciones dispares en el pleno mencionado y así, mientras al concejal Julián Velasco le agradaban más los terrenos de la Cruz del Bordallo, su compañero de corporación Mariano Córdoba se oponía porque el lugar carecía de agua.

Alguno como el edil Hipólito Ruiz hizo la salvedad de no ser partidario de hacer plaza de toros, pero accedía a ello si beneficiaba al obrero y teniendo en cuenta la generosidad de Muelas le agradaba más esta opción.

Otro concejal, Emiliano Moreno se inclinaba por los terrenos del Conde de Santa Coloma, argumentando su afirmación en el sentido de que las dimensiones del terreno hacían que pudiese urbanizarse bien la zona y venderse, posteriormente parcelada, como forma de resarcirse de los gastos que iba a originar la construcción de la plaza de toros de Cuenca.

Hubo a quien todos los terrenos les parecieron buenos, así se manifestó el concejal Alejandro Rodríguez, al tiempo que pensaba que el terreno elegido debía ser en base a las ventajas que pudiese ofrecer en un futuro a la ciudad.

A la vista de las discrepancias, entre los intervinientes, el alcalde Cayo F. Conversa sometió el asunto a votación del pleno y el resultado es el conocido, optándose por los terrenos que ofrecía el conde de Santa Coloma.

Posteriormente en otra sesión de octubre del mismo año se acuerda conceder un plazo de cuarenta y cinco días, a partir del día siguiente de su publicación en la Gaceta de Madrid para presentar proyectos para construir la plaza de toros con una capacidad para diez mil personas, con un presupuesto que no superase las doscientas setenta y cinco mil pesetas, debiendo estar entregada la obra definitivamente el quince de agosto del año siguiente, bajo multa de cien pesetas por cada día que se demorase la entrega y veinticinco mil si no se hubiese entregado el cuatro de septiembre.

A principios de mil novecientos veintiséis, en sesión del Ayuntamiento se da cuenta de los dos únicos proyectos presentados: uno del arquitecto Francisco de la Torre Gosálvez y otro de Zubizarreta, ingeniero de caminos.

Según el informe que emitió el arquitecto municipal ninguno de los dos reunía los requisitos administrativos y técnicos que eran preceptivos y ambos fueron desestimados .

Se tomó, al mismo tiempo, el acuerdo de abrir un nuevo concurso por igual número de días que el anterior, pero ampliándose la cantidad a trescientas cincuenta mil pesetas y éste tuvo mejor fortuna.

El 25 de mayo de 1926, en sesión permanente municipal, se adjudica provisionalmente a la propuesta de José María Aguirre Gonzalo, como contratista y firmada por el arquitecto Luis F. Urosa y los ingenieros Alejandro San Román y José María Aguirre en trescientas cincuenta mil pesetas, de entre las cuatro presentadas, siendo la aprobación definitiva el día 7 de junio de ese año.

Aún se realizaron mejoras posteriormente sobre el proyecto, como elevar su altura para que , en su día, las andanadas del segundo piso de la plaza pudiesen ser cubiertas, así como el reforzamiento de soportes y pilastras.

5 DE SEPTIEMBRE DE 1927. LA INAUGURACIÓN

Por fin llegan las fiestas de San Julián en septiembre de 1927, y con ellas la ansiada inauguración de la plaza de toros de Cuenca que vemos ahora. Se inaugura el 4 de septiembre con una función de circo y no el día siguiente como erróneamente, a veces, se cree. Nuestro periódico de entonces La Voz de Cuenca se queja con razón: "pues nunca se debía haber inaugurado la plaza con una función de circo y menos por una compañía de saldo".

He aquí un documento de extraordinario valor. Se trata del primer cartel anunciador de corridas en la Plaza de Toros de Cuen­ca, correspondientes al 5 y 6 de septiembre de 1927. Anverso del cartel y re­verso, en el que se incluye el repertorio completo de las cuadrillas actuantes, así como los precios de las entradas y algunas curio­sas advertencias al público


 

Es masiva la afluencia de forasteros en Cuenca el día 5. Las calles están llenas de gentes y a las cuatro y media de la tarde están todas las localidades de nuestra plaza ocupadas.

Media hora más tarde el alcalde Conversa hacía su entrada en el palco presidencial al tiempo que recibía una gran ovación, acompañada de vítores; le acompañaban en la presidencia el Gobernador Civil como delegado gubernativo y el torero Maera como asesor.

El cartel era estupendo. Hicieron el paseíllo para tan grande ocasión los diestros Valencia II, Marcial Lalanda y Martín Agüero y los toros llevaban el hierro de Santa Coloma.

Pero, sucede lo que desgraciadamente sigue ocurriendo con frecuencia en esta plaza y los dos primeros espadas pese a ser tan renombrados, tienen una desastrosa actuación.

"Corrida de toros malos, de toreros buenos, pero que fueron pésimos en esa tarde y un público demasiado transigente". Así lo reseñaba un cronista en un periódico local.

Menos mal que el día 6, aunque con menos público los toreros Márquez, Niño de la Palma y Félix Rodríguez (que sustituía á Villalta) con toros de Samuel Hermanos que fueron buenos, consiguieron mitigar el mal recuerdo de la anterior corrida.

Cuenta La Voz de Cuenca cómo al concluir la lidia del sexto toro, hubo una invasión del redondel por numerosos espectadores y el joven entonces José Montero Matoque fue arrollado por la muchedumbre, sufriendo leves erosiones atendiéndosele en la Casa de Socorro.

Otros actos seguirían en esas Ferias y Fiestas, celebrándose en la plaza de toros.

Esta sigue en pie, con muy pocos festejos taurinos a lo largo del año. Sobre su emplazamiento y desde la perspectiva de los años podemos hacernos cada uno la idea de si fue acertado o no, pero entonces los representantes del pueblo conquense lo decidieron así y ahí está.