EL “SONETO A CUENCA, EN PIEDRA CON SUS FORMAS NATURALES”

Antonio Rodríguez Saiz      Septiembre 2019

 

“No, no te has ido, se fue tu quijotesca figura, tu quebrada voz pero tú te quedas entre nosotros con tu canción” (Guillermo de la Cueva).

Siento un verdadero placer al escribir el nombre del poeta conquense, Federico Muelas (1909-1974), que en buen numero y acierto dedicó páginas excelentes a su tierra: personajes, ríos, hoces, chopos, Semana Santa, lugares, gentes, costumbres, fiestas, monumentos…, estuvieron presentes en sus escritos.

         

 

 Cuenca reconocida le tiene dedicada una calle próxima a su lugar de nacimiento en la Plaza del Escardillo; una estatua suya en bronce, obra del escultor conquense Javier Barrios, puede contemplarse en la antigua iglesia de San Pantaleón, al inicio de la calle de San Pedro, protegida en este histórico recinto religioso (cuyo emplazamiento no me agrada) del vandalismo y la incultura.

 Fue destrozada varias veces en su anterior y primera ubicación en la Plaza de Cecilio Albendea, detrás del edificio del Ayuntamiento. El acto de inauguración del monumento se celebró el 25/11/1984 con motivo del X aniversario de su fallecimiento, presidido por el alcalde Navarrete, en presencia de su familia y amigos.

Un Colegio Público de Infantil y Primaria de la capital (calle Colón) lleva el nombre de Federico Muelas, destaca en su entrada una lapida con el SONETO A CUENCA y organiza un premio de poesía infantil con el nombre del poeta. Dos hechos que hablan muy a favor de este centro educativo.

También el Ayuntamiento de Cuenca tiene establecido un premio de poesía recordando al poeta y cronista oficial.

   Un nutrido número de escritores han dedicado y estudiado su obra literaria, especialmente referida a Cuenca; puede fijarse su principio en 1928 cuando el periódico “La Voz de Cuenca” publicaba un extenso poema, “Mi tierra, la que yo quiero”, premiado por la Comunidad de Labradores (fundada por Emilio Sánchez Vera), firmado por Federico Muelas Pérez; muy anterior a la edición de su primer libro “Apenas esto” (1959), premio Larragoiti de poesía.

   Mi propósito es sencillo, tiene más de recordación y de hacer traer a la memoria que otra cosa: el tiempo, las personas, los nobles deseos e impulsos de la voluntad se agostan, marchitan en incluso llegan a desaparecer:

No quisiera ser uno más en el lamento y queja guardando silencio ante un testimonio conocido y no hecho realidad. El propósito de hacer efectiva la idea que sugería el poeta conquense, hace varias décadas, de ver su célebre y famoso SONETO A CUENCA  grabado en piedra del lugar y colocado en el Jardín de los Poetas, “sin ningún género de dudas el más esbelto monumento literario que se haya escrito con la ciudad del Júcar y el Huecar como tema; afirmación esta que se puede mantener por la perfecta armonía conseguida entre el fondo y la forma de expresarlo”, según asevera el catedrático de la U.C.L.M, Martín Muelas Herráiz quien añade que “En cuanto al fondo, el soneto crea una imagen de la ciudad construida desde la perspectiva privilegiada del hocino del autor, hoy reducido a escombros. Desde allí se convierte en “pedestal de crepúsculos soñados”, “en volandas de celestes prados”, “gallarda entraña de cristal” o “tantálico esfuerzo en piedra viva”. Todas ellas, en fin, metáforas y personificaciones mediantes las que se va construyendo una ciudad Jano, en el límite de lo real y soñado; sólo que, paradoja final, lo real “cierta”, está en el cielo y lo soñado está en el rio. Lo ideal, lo etéreo fundido con lo real, “piedra viva”; ¿orgullo cuasi divino que se eleva a lo más alto o sueños también divinos a la deriva?” Aparentes contradicciones todas ellas cristalizadas en el corazón del poeta.

    Leamos una vez más el excelente SONETO A CUENCA de Federico Muelas y veamos según apareció por primera vez en la revista GARGOLA (único numero aparecido en agosto de 1954) de la que se hizo una tirada de 50 ejemplares, diez de ellos realizados a mano por el sacerdote y poeta Carlos de la Rica –al que pertenece esta reproducción-, la revista fue posible gracias al interés e ilusión de cuatro alumnos del Seminario Conciliar San Julián de Cuenca: Florencio Martínez Ruiz, Carlos de la Rica, Luis López Fernández e Ildefonso Escribano.

                        Soneto a Cuenca

   Años después el Soneto a Cuenca se publicó en el libro “Cuenca en volandas” (1968) de Federico Muelas con prólogo de Gerardo Diego, editado por la Diputación Provincial de Cuenca, institución que posteriormente le concedió la Medalla de Oro de la Provincia a título póstumo.

Que el SONETO A CUENCA fuese grabado en piedra dura y compacta, carente de aspecto metálico, tomada de nuestra tierra, fue para Federico Muelas gran ilusión y con esperanza de conseguirlo. En alguna ocasión escuché a su amigo y albacea Carlos de la Rica que fuese esculpido el soneto en un risco del paisaje conquense. También leí y se viene escuchando desde 1956 que debía ser reproducido e instalado en el Jardín de los Poetas. El motivo  de señalar esta fecha es porque con ocasión del homenaje al escritor, Luis Astrana Marín (n. Villaescusa de Haro) promovido por Federico  que tuvo lugar aquel año en ese enclave privilegiado de la ciudad, ya se habló de ello.

          Cuando paseo por este lugar y alrededores –con frecuencia- vuelvo a los pasos de mi infancia, a mis primeros juegos infantiles mientras la vista me conduce a la tristeza y asombro, ¿estaré equivocado? , al contemplar el modo, forma material utilizado, espacio, tipo de inscripción…, de la reproducción del soneto, junto al callejón de la Rima Dificil, como alguno lo bautizó, poema imagen de la maestría, arte y habilidad del escritor conquense en el dominio del verso. Será, quizás, que haya caído por edad en el arcaísmo y resulte anticuado donde ningún tiempo, creo que estuve.

  Dejando aparte mi opinión, acertada o no, si me parece de interés dejar constancia del anhelo y deseo de Federico Muelas. Nada mejor, para ello, que recordar la conversación que mantuvo el poeta en verano de 1974, pocos meses antes de su fallecimiento con su amigo, Jesús Moya Gómez, alcalde que fue de Cuenca, buen gestor y preocupado por la mejora de la ciudad con acierto, quien al cumplirse el primer aniversario de la muerte del poeta publicó un artículo “Federico, su soneto a Cuenca y algunas cosas” (Diario de Cuenca 25/11/1975) donde, entre otras cuestiones, reproduce estas palabras sobre el interés de Muelas a propósito del poema:

“Lo que si desearía es que se colocase a la manera como se hizo en el soneto de Rubén Darío a don Ramón del Valle-Inclán en Pontevedra: en una piedra del país, sin deformaciones de la cantería o sea con sus formas naturales y con sus líquenes y color. La piedra tendrá que ser, naturalmente ajustada al carácter vertical de la composición y no llevará más que el soneto, el título y la firma, grabados en letra romana, lo bastante honda para que perdure eternamente. Si la piedra pudiera tener el aire de las formas nuestras tanto mejor. Lo único difícil es hacer llegar esta mole al jardín”.

     No es tan difícil, me parece, cumplir el deseo del poeta, remediar olvidos y así percibir con deleite estos catorce versos endecasílabos, en forma de soneto, que consigue un efecto de suma gravedad y predispone para una lectura con pasión en el emblemático Jardín de los Poetas de la ciudad de Cuenca, recinto de la antigua iglesia de San Gil en cuya torre que aún permanece, como es público y sabido, se había pensado albergar una colección bien elegida de poesía de la tierra, con celdas en la torre para servir de hospedaje a aquellos poetas no residentes en Cuenca que quisieran utilizarla. El poeta Gerardo Diego había solicitado ser su primer huésped.

    No acierto a comprender aquellos inconvenientes que han podido existir para  cumplir el deseo del poeta Federico. Tampoco porqué que se ha realizado en la forma que se ve en la actualidad y con cierto grado de dificultad en su lectura.

 En definitiva, repito una vez más que bien merece la reproducción del SONETO A CUENCA en el Jardín de los Poetas con un tipo de piedra y escritura como deseaba su autor poco antes de su fallecimiento.