RUINA Y DEMOLICIÓN DEL PUENTE DE SAN PABLO

Antonio Rodríguez Saiz


“Salvando la hoz del Huécar, existía antes un gran puente de piedra, un elefante de cinco patas, sostenido en el borde del río, que se apoyaba por los extremos estribándose en los dos lados del barranco” (Pio Baroja)

 

Era el puente una obra del siglo XVI realizada gracias a la generosidad e iniciativa del racionero y canónigo obrero de la catedral de Cuenca, Juan del Pozo, natural de Almodóvar del Pinar e hijo del regidor de la Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Cuenca, Juan Rodríguez de Pisa y Quiteria del Pozo, según actas recopiladas por el beneficiado y estudioso del archivo catedralicio, Miguel Martínez Millán, quien señala, sin asegurarlo, que su lugar de nacimiento pudo ser Castillo de Garcimuñoz, lugar histórico de la provincia donde sería herido de muerte (1479) el famoso poeta, Jorge Manrique autor de las “Coplas a la muerte de su padre”.

El célebre canónigo Juan del Pozo fue enterrado en el crucero de la iglesia del Convento de San Pablo (hoy Espacio Torner), inaugurado y bendecido por el obispo de Coria Francisco de Mendoza y Boadilla, nacido en Cuenca e hijo del marqués de Cañete.

La lápida de su enterramiento (1’96x0’85m) en mármol negro bajorrelieve se encuentra actualmente adosada a la pared (Espacio Torner), donde se puede observar la figura del canónigo del Pozo con vestiduras propias de su dignidad, bonete, manos cruzadas y cabeza sobre almohadilla y una orla en la lápida donde se lee “Aquí está el cuerpo del indino canónigo Juan del Poço primero fundador desta casa y monasterio, pide y ruega por reverencia de nuestro señor Dios le supliquen aya misericordia de su alma, murió año de mil y quinientos y treinta nueve a cinco de noviembre”

El puente de San Pablo era de cinco arcos de piedra. Su construcción comenzó por la parte más cercana a la catedral y dependencias del Palacio Episcopal. Según las fotografías y grabados del mismo que han llegado hasta nuestros días, los arcos más grandes eran el segundo y el quinto; por el contrario los de menor tamaño eran el tercero y cuarto, siendo sus dimensiones de 84 metros de longitud y 40 metros de altura por su parte máxima.

Debió comenzarse su construcción en la tercera década del siglo XVI, siendo obispo de Cuenca Diego Ramírez (n. de Villaescusa de Haro) y duró su realización hasta 1585.

El autor de la traza fue, Francisco de Luna, acreditado maestro de obras de la catedral con un sueldo anual de 3.000 maravedís y 18 fanegas de trigo. Se cree nacido en Alcaraz y residente por aquellas fechas en la Plazuela de San Andrés de Cuenca. Fue él quien dio comienzo su construcción y dirigió las obras hasta su fallecimiento en 1551, cuando ya se habían construido los pilares. Con este luctuoso suceso las obras de ejecución del puente sufrieron una interrupción que duró una década hasta su reanudación a cargo del yerno de Francisco de Luna y discípulo Andrés de Banda Elvira (Vandelvira), casado con su hija mayor de nombre Luisa.

Posteriormente continuarían los maestros de cantería, Juan Gutiérrez de Oceja y su colaborador Juan Palacios (después seguiría su hermano Hernando) y Juan de Meril según refleja Mª Luz Rokiski en su meritorio libro titulado “Arquitectura del siglo XVI en Cuenca.

Un documento antiguo que se conserva en el Archivo Municipal (leg.500 exp 31) nos aporta el siguiente dato, según transcripción libre de quien fue su archivera Elena Lázaro Corral: “Que el canónigo Juan del Pozo difunto comenzó un puente para que desde el Monasterio de San Pablo de la Orden de Predicadores que él fundó se pudiese venir a la Ciudad y de la Ciudad a él fácilmente sin aquel rodeo ni aspereza que sin el se venía”

Efectivamenteesa era la finalidad de su grandiosa - ¿exagerada? – construcción que costó 63.000 ducados para así mitigar en parte la escabrosidad del terreno sin olvidar los numerosos empleos ocasionados durante aquellos años que duró su construcción.

El magnífico Puente de San Pablo que causaba admiración y asombro al contemplarlo en el lugar, a mi juicio, más bello que ofrece la capital fue, empero, una problemática construcción que finalizó con su demolición siglos después de haber sido ejecutado.

La autorizada opinión del profesor J.M. Ibañez – que comparto- señala sobre el continuado y progresivo deterior del Puente de San Pablo que “El error inicial de Francisco de Luna radicó, tal vez, en no generalizar el módulo menor en todo el conjunto y, en jugar con luces desiguales y ambiciosas en exceso habida cuenta de la altura y esbeltez de las pilas”.

A ello creo que se puede añadir la tosquedad del labrado de la piedra y ausencia de cuidados y diligencia, de forma contumaz, por las distintas autoridades responsables del patrimonio conquense que no adoptaron las medidas y prevenciones necesarias durante siglos que llevaron al infausto y desgraciado final que tuvo el Puente de San Pablo a finales del siglo XIX como veremos a continuación.

Se tiene en constancia escrita que comenzó a desmoronarse el siete de mayo de 1776 y así fue paulatinamente destruyéndose, según transcurría el tiempo. A propósito, de ello, es de interés el informe del monumento realizado por Mateo López (n. Iniesta) fechado el dieciséis de noviembre de 1800 después de la inspección que realizó al puente acompañado del regidor perpetuo, Ignacio Rodríguez Fonseca (en 1813 fue nombrado presidente de la Diputación Provincial, siendo el primero que ha ostentado este cargo en la institución). A la citada inspección del arquitecto iniestense asistieron también, un comisario obrero y el secretario municipal, Pablo Ramón Ramirez

En el informe del arquitecto, Mateo López se lee:

He advertido que en el día se halla enestado aún más deplorable y quebrantado que en el que quedó, quandosubcedio la ruina en la noche del siete de mayo del año pasado de 1786, porque se an ido corriendo y desprendiendo algunas delas piedras de sillería del piso superior y parte de este y otras están para caer; e igualmente la falta de mucha parte del empedrado de guixarro de dicho piso es causa deque se recale la fábrica y por consiguiente la deteriore más”

 “Otro sí. Además de las piedras que últimamente sean desprendido, anquedado otras próximas a caer, y como por debaxo del arco dela ruina pasan algunas gentes inconsideradamente, esta espuesto a que subceden desgracias por cuyo motivo también es conducente de acabar depribar enteramente aquel paso”

Con el conocimiento por parte del Concejo del informe emitido, éste tomó la decisión de impedir el paso por ambos lados del puente colocando, para tal fin, paredes de yeso y piedra  de nueve pies de alto y dos de grueso, mejor protección que en alguna ocasión anterior. Igualmente se cerró el tránsito que había por debajo del arco arruinado que con anterioridad también había estado prohibido y el pequeño puente que estaba debajo cruzando el Huécar.

Estas obras se presupuestaron en alrededor de 700 reales de vellón acordándose dar cuenta a la Junta de Propios para que fuese por ella abonado.  A su vez se dio conocimiento del asunto al Intendente General, por ser el funcionario de máximo rango en la provincia de designación.

Es obvio y el tiempo así lo certifica que no tuvo el efecto deseado, no llevándose a cabo el objetivo propuesto y sí, por el contrario un notable deterioro en fecha próxima ocasionado por la trepidación y estruendo producido al desprenderse unas riscas detrás de la catedral en las inmediaciones del inicio del puente. Suceso que ocurrió en la tarde del 3 de febrero de 1888; pese a ello las personas seguían transitando por allí esquivando la prohibición vigente, motivo que dio ocasión para que el Gobernador Civil de la provincia, Gerónimo Arenas Fernández (antes diputado provincial de Toledo) remitiese un escrito (18-3-1888) ordenando al Ayuntamiento que tomase medias y precauciones en evitación de desgracias personales, quien trasladó copia de la comunicación al sobrestante en su calidad de capataz mayor de obras municipales para que con la mayor prontitud y rapidez se cumpliese lo exigido por la primera autoridad e ítem más, se fijaran carteles explicativos sobre la prohibición del tránsito de personas, para conocimiento de la población en los lugares de costumbre: Instituto General y Técnico (Edificio Palafox), Casa Grande, Cocheras, Trinidad, San Felipe, Puerta de Valencia, casinos existentes en la ciudad (el de Cuenca, calle San Juan 6, el más antiguo, Circulo de la Constancia, entonces en calle Madereros 63 hoy Carretería,  Unión Mercantil, antes El Siglo, Colón, calle Madereros)

A título, principalmente, de curiosidad y referido al desprendimiento ocurrido y más arriba comentado,  indicar que para la retirada de las piedras esparcidas previa reducción de su tamaño, un vecino de Cuenca Juan Verde solicitó por medio de instancia al Ayuntamiento, fechada el 19 de julio de 1888 realizar ese trabajo por medio de barrenos. Solicitud que fue aceptada, exigiéndole precauciones extremas por parte del Gobierno Civil y Ayuntamiento, según informe previo del ingeniero de Obras Públicas, con algunas advertencias técnicas de obligado cumplimiento como no usar barrenos sino pistoletes en evitación de daños irreparables que se pudieran ocasionar con el estallido y estruendo. Igualmente se exigió colocar guardas en las dos entradas del puente y accesos, se fijaba la hora del mediodía por ser cuando menos circulación había de personas y carruajes.

Una de las preocupaciones era que no sufriese daño el puentecillo que había debajo del de San Pablo (aparece en algunos grabados y fotografías) necesario para transportar por él las piedras en carros, que mereció, con razón, la inspección del arquitecto municipal Rafael Alfaro Sanchez-Gadeo que aseguró y certificó el perfecto estado del referido puentecillo para soportar el peso del carro con su carga de piedras , debiéndose echar una capa de afirmado en la superficie del puente para proteger el trasdós (superficie externa del arco de la bóveda) y darle más elasticidad.

Este pequeño puente sería desmontado y quitado de ese espacio a principios del siglo XX y colocado en el Vivero Central sobre el rio Moscas, hoy mejorado, en el paraje del Terminillo.

El Puente de San Pablo llegaría pronto a su final a la vista del informe (16-2-1895) del arquitecto municipal, Antonio Carlevaris Moreno, autor dos años antes del controvertido “Plan de Urbanización de la Parte Alta de la Ciudad”.

Exponía en él que “A consecuencia de las últimas lluvias y de la falta de equilibrio que existe en el citado puente desde que se hundió el arco que hoy falta se observa en él un movimiento de resvalamiento longitudinal en sentido del arco arruinado que avanza de manera progresiva hasta el punto de hayarse ya muy desplomado, los pilares que sostienen los arcos restantes, la ruina que presentan es instantánea no pudiendo afirmarse si se hará esperar mucho puede ser de un momento a otro”

Dos días después de hacer público el informe de Carlevaris el Ayuntamiento tomó la decisión de prohibir el paso por debajo del puente y laterales informando de la decisión a la población con anuncios y carteles en los sitios de costumbre antes mencionados, con publicación de la determinación adoptada en el Boletín Oficial de la Provincia (1-3 1895 num.26) que decía así.

 “Don Sixto Lozano Martínez, Alcalde Presidente del Excmo Ayuntamiento de esta ciudad = Hago saber: Que en vista de comunicaciones de once y diez y seis del natural, en que participa el Señor Arquitecto Municipal el hundimiento de uno de los arcos del puente de San Pablo, o sea el segundo más próximo a la Ciudad y que por tal causa se hallan muy desplomados los pilares que sostienen los arcos restantes, presentando estos ruina instantánea; dicha Excma. Corporación acordó en diez y ocho de los corrientes prohibir en absoluto el paso por debajo del referido puente y hacerlo saber al público por medio del presente anuncio para su más exacto cumplimiento = Dado en Cuenca a veintiséis de febrero de mil ochocientos noventa y cinco = Sixto Lozano = De acuerdo Ayunto – Timoteo Yglesias , Srio”

El día veintitrés de febrero de 1895 en sesión plenaria de la Corporación Municipal se decidió proceder a la demolición del Puente de San Pablo tomando las necesarias precauciones que el suceso requería.

Según las facturas presentadas posteriormente por el comerciante conquense, Luis Tarín suministró para ello un quintal de pólvora, un mazo de mecha, quince cartuchos de dinamita, una cuerda de cáñamo de doce libras (una libra equivalía aproximadamente a 0’453 Kg). El total de la factura ascendía a 82 pts.

Otro comerciante, José Carretero recibió 31pts por el suministro de dos docenas de alborgas (calzado similar a la alpargata que protege el talón y dedos del pie) y cuatro libras de cuerda de cáñamo.

Gracias al arquitecto Carlevaris tenemos conocimiento fehaciente de cómo se produjo la demolición del Puente de San Pablo el veintinueve de marzo de 1895 según su informe dirigido al alcalde donde narra la voladura iniciada a las 11:30 horas con el estallido casi al mismo tiempo de 16 barrenos de dinamita colocados en las dovelas centrales de los arcos (claves) y próximos al arco central.

Ello hizo que se produjese la descomposición de este arco aunque continuó en pie después de producirse la explosión y del arco más cercano al convento de San Pablo (Parador Nacional de Turismo desde 1-4-1993) que sufrió una gran quiebra y rotura con desprendimiento de piedras y tierras.

Serían las dos y cuarto de la tarde cuando comenzó la descomposición del arco resentido y el arquitecto ordenó la retirada del sobrestante Juan Lucas y de los trabajadores. Estaba acompañado por el secretario Timoteo Iglesias Mantecón (Aunque no tiene que ver con este suceso al escribir su nombre quiero tener un recuerdo agradecido por el excelente trabajo que realizó en el archivo municipal, al margen de su profesión, siendo autodidacta en paleografía)

Hecha esta pequeña digresión me parece de interés reproducir por su importancia el relato final que hace el arquitecto Carlevaris del derribo del Puente de San Pablo. Dice así:

 “Desprendiéndose en primer lugar las claves del arco central ya resentido empujando inmediatamente después el arco próximo a San Pablo, la pila sobre que se apoyaba uno de sus arranques chocando ésta con la inmediata partiéndola por la mitad e inclinándose ésta a su vez sobre el último pilar destruyéndole por completo y produciéndose a la vez el desplome de esta último arco situado sobre el rio cuyo pilar y arco correspondiente se encontraban ya sin contrarresto por efecto del desprendimiento del arco contiguo verificado en la noche del 10 de febrero de este mismo año cuya ruina ha sido lo que ha venido acelerando por momentos y de una manear progresiva la total del puente”

El famoso y espectacular Puente de San Pablo, de piedra, que durante varias centurias se ofreció a la vista y llamaba la atención de manera notable había llegado a su triste final ante la expectación, curiosidad, pesadumbre y disgusto del numeroso público allí congregado, sin tener que lamentar desgracias personales, y sí, únicamente, daños materiales en la huerta de Juan Pablo Cercenado por la detención de las aguas del río Huécar, a causa de las piedras y tierras del puente derribado, que fueron reconocidos por importe de 415 pts.

Tuvo interés el obispo de la diócesis de Cuenca en aquellos años, Pelayo González Conde (1891-1899) en restablecer el paso directo entre el convento de San Pablo y la ciudad sino con la magnificencia y grandeza del puente demolido sí, aprovechando los pilares, colocar unas vigas de hierro de apoyo o sostén para colocar sobre ellas unas piezas de madera de cierto grosor que lo hiciera de utilidad y provechoso, de cuyo coste abonaría el obispado la mitad. Falleció el prelado sin ver hecho realidad su idea o proposición.

Posteriormente, sería el diecinueve de abril de 1903 cuando tendría lugar la ceremonia de la inauguración del Puente de San Pablo que vemos en la actualidad presidida por el Cardenal de Toledo, Ciriaco María Sancha. Fue proyectado por el ingeniero valenciano, José María Fuster y realizado por el inglés George H. Bartle.

Tiene una longitud de 106 metros, 40 metros de altura por su parte más elevada y 2 metros de anchura, su importe fue de 60.086 pts cantidad que fue pagada por el Seminario Mayor de San Julián y el obispo Wenceslado Sanguesa y Guia (1900-1922) sin ayuda del Ayuntamiento de la capital que sí se había comprometido a ello.

 

FUENTES DOCUMENTALES:

  • Archivo Municipal de Cuenca (AMC)
    • legajo 500
    • legajo 1250 exp 17
    • legajo 1595 exp 25 y 34
    • legajo 1863 exp 53 y54
    • legajo 1869 exp 20,21 y 22
  • Actas de sesiones municipales
  • Boletín de Información (1967) número 52

 

BIBLIOGRAFIA

  • Rokiski Lázaro, Mª Luz: Arquitectura del siglo XVI en Cuenca, Ed. Excma Diputación Provincial de Cuenca, 1985
  • Ibañez Martínez, Pedro Miguel: La vista de Cuenca desde la Hoz del Huécar (1565) de Van den Wyngaerde. Ed. Excma Diputación Provincial de Cuenca, 2006
  • Rodríguez Saiz, Antonio: Cuenca en el recuerdo. Ed. del autor, 1988

ARTÍCULOS

  • Martínez Millán, Miguel, Diario de Cuenca 2-4-1975:  Juan del Pozo (fundador de la iglesia y convento de San Pablo)