MUŃOZ Y SOLIVA: Su “EPISCOPOLOGIO” y otros datos

 

Antonio Rodríguez Saiz - Mayo 2019

 

“….di principio a este libro que, como bola de nieve, tomó en su curso mayores dimensiones que me propusiera “(Muñoz y Soliva)

 

Sin duda esta sería una más de las causas que el comúnmente conocido por “EPISCOPOLOGIO CONQUENSE” de don Trifón Muñoz y Soliva haya sido el libro más discutido de la amplia bibliografía conquense.

Indudablemente es el más leído, comentado y utilizado dentro del amplio catálogo de aquellos dedicados a la provincia de Cuenca y ¡oh!,paradoja al mismo tiempo el más menospreciado, desdeñado, tenido en poco valor y minusvalorado. Sus cuestionados, en parte, contenidos, equivocaciones e inexactitudes mezclados con datos ciertos y veraces hace que cuando se lee estamos obligados a actuar con prudencia y cautela para evitar deslizarse por algún error.

Su extenso y verdadero título es “NOTICIAS DE TODOS LOS ILMOS. SEÑORES OBISPOS QUE HAN REGIDO LA DIOCESIS DE CUENCA aumentados con los sucesos más notables acaecidos en sus pontificados y con muchas curiosidades referentes a la Santa Iglesia Catedral y su Cabildo y a esta ciudad y su provincia”, obra de quién en 1860 era canónigo magistral (una de las canonjías de mayor prestigio dentro del Cabildo) que compaginaba con la dirección del Boletín Eclesiástico del Obispado de Cuenca.

Fue editado el libro de Muñoz y Soliva el año 1860, en tomo 4º con 579 páginas en la imprenta de Francisco Gómez e hijo ( importantes tipógrafos conquenses), situada en la calle Cordoneros nº 26, así llamada hasta el año 1881 que pasaría a denominarse calle Andrés de Cabrera, en honor de este ilustre conquense, coincidiendo el cambio de nombre con la importante remodelación que se efectuó en esta vía pública y adyacentes con el fin de facilitar y suavizar, en lo posible, el acceso a la Plaza Mayor y sus alrededores.

EL “EPISCOPOLOGIO CONQUENSE” de Muñoz y Soliva se sometió a la consideración de la censura eclesiástica (era preceptivo) del canónigo y censor natural de Sacedón, Crisanto Escudero y Salas Una vez examinado detenidamente el texto, por orden del obispo de la diócesis, Miguel Paya y Rico juzgó y estimó que esta obra era “muy digna de ver la luz pública” y así lo notificó (31-5-1862) al prelado en su calidad de superior eclesiástico de la diócesis de Cuenca, quien, tres días después concedía licencia y beneplácito para su publicación.

El “Eco de Cuenca “ subtitulado periódico de intereses morales y materiales, fundado por los profesores del instituto conquense, Sanchez Almonacid, Bárcia y Massa, aparecido por primera vez a principios de 1862, daba la noticia el 29 de abril de ese año, sobre la publicación del célebre libro, escrito por el erudito canónigo, ya famoso y reconocido en la extensa diócesis.

Estaba firmada la noticia por Jorge Massa Sanguineti, catedrático de Física y Química, redactor y responsable del periódico hasta su traslado a Córdoba, donde continuaría su labor docente.

Me permito reproducir aquí el texto:

           

No agradó al instruido canónigo el juicio y apreciaciones que el profesor Massa ponía de manifiesto en el último párrafo y así D. Trifón con fecha 5-5-1962 se dirigía al redactor en una extensa carta aclaratoria que publicó el periódico dando explicaciones sobre lo escrito y el ruego de la inserción de su misiva, hecho este, que se produjo en su número 19 (22-5-1862).

Había nacido D. Trifón Muñoz y Soliva en Cuenca, en el seno de una humilde familia el 3 de julio de 1811, día que la Iglesia Católica recuerda a S. Trifón y otros doce mártires de Alejandría, sin duda, motivo para que fuera inscrito con ese nombre, según costumbre frecuente en aquellos años; empero el canónigo Clementino Sanz en 1970 afirmaba que el año del nacimiento del autor del “Episcopologio Conquense” fue en 1812, apoyándose – decía – en una ficha académica conservada en las actas de la Teología de Santo Tomás de Aquino pertenecientes al Seminario Conciliar de San Julián, cuando Muñoz y Soliva tenía 12 años de edad.

Cursó estudios, con excelente aplicación, en el seminario conquense donde posteriormente sería profesor y rector, cargo al que accedió por nombramiento del obispo, religioso capuchino, Fermín Sanchez Artesero (1849-1855).

Entre sus importantes servicios a la diócesis conquense, junto a los ya mencionados al principio figura que fue párroco de las localidades alcarreñas de Villaconejos (pasaría en 1916 a llamarse Villaconejos de Trabaque) y Gascueña.

Fue igualmente nombrado en esa época, arcipreste de Priego y tendrá, por ello, autoridad sobre un número de parroquias de  la zona, donde fue muy querido y respetado, sería considerado el “apóstol de la comarca alcarreña conquense”.

Otros cargos y títulos fueron: doctor en teología, predicador de Su Majestad, administrador de la Santa Cruzada Económica y de la Cruzada, académico correspondiente de las Reales Academias de la Historia, Artes de San Fernando y de Nobles…      

Surgió el “Episcopologio” del ilustrado canónigo Muñoz y Soliva, según el mismo dice en el texto del libro al inicio “ A mis paisanos” cuando fue designado para esta misión por el obispo Payá y Rico con el encargo de formar el Episcopologio de la diócesis de Cuenca (catálogo y serie de los obispos) donde fue incluyendo e interpolando curiosidades y acaecimientos que lo llevaron – cuenta- a un trabajo sólo, sin compañía para la búsqueda de noticias, tradiciones y costumbres.

El mismo D. Trifón hace su propia crítica de la obra, acción sin duda, que le honra. Podemos indicar sobre ello estas manifestaciones:

  • Es un libro imperfecto.
  • Falta la belleza tipográfica y a la claridad.
  • No distingue los asuntos con regletas y epigrafía.
  • La redacción no tiene merito alguno.
  • Su impresión es poco limpia y correcta que atribuye a su letra muy pequeña y microscópica.
  • Y estar corregido por él mismo.

Se justifica Muñoz y Soliva en el sentido de su falta de tiempo para su correcta redacción, agravado por la ausencia de ayuda, en un trabajo tan ímprobo y laborioso que llevaba, por consecuencia, la investigación en archivos, con textos y legajos abultados con la fidelidad de obtener noticias procedentes de la cultura tradicional con sus correspondientes verificaciones.

Así mismo debe añadirse – prosigue – las ocupaciones propias de su dedicación a la vida sacerdotal, sermones de púlpito, redacción del boletín, trabajos de cátedra, comisiones, actividad en el coro, asistencia a reuniones del cabildo catedralicio…   

Otras publicaciones no exentas de dificultades se deben al incansable esfuerzo y dedicación de este singular canónigo se reflejan al final de este artículo. Y así, el “Fuero de Cuenca” que pensaba publicar en un tomo, tuvo que desistir y ofrecerlo por folletín en “El Eco de Cuenca” según una nota que publicaba este diario en su nº 359 de 29.9.1869 con el siguiente texto:

 “Habiendo aceptado el generoso ofrecimiento que nos ha hecho el ilustrado Sr. Arcipreste de esta basílica Dr. D. Trifón Muñoz y Soliva del renombrado para publicarlo por Folletín en nuestro periódico, comenzaremos a insertarlo desde el número próximo en forma que pueda encuadernarse”

Así fue, el 2 de octubre se comenzará a publicar, dos meses y medio antes del fallecimiento, casi repentino del canónigo Muñoz y Soliva, ocurrido en Cuenca el 18 de diciembre de ese año, según refleja “Un amante discípulo”, en crónica necrológica aparecida en el Boletín Eclesiástico de Cuenca en la víspera de nochebuena (nº51)

Observo, con cierta extrañeza, que esta crónica firmada por un alumno suyo sea la única aparecida en este medio en relación la muerte del entonces arcipreste a los 58 años de edad que fuera y redactor del Boletín.  Se había producido su inesperada muerte cuando el obispo Payá y Rico se encontraba presente en Roma con motivo de la celebración del  Concilio Vaticano I (donde se distinguió notablemente) que había comenzado el día de la Inmaculada Concepción, diez días antes del óbito de D. Trifón. El gobierno de la diócesis había quedado a cargo del licenciado Bartolomé Leocadio Poveda, vicario general y provisor.

Transcurriría más de medio siglo hasta que el día 5 de julio de año 1926, se reúne la Sesión Permanente Municipal presidida por el alcalde la ciudad, Cayo Faustino Conversa Martínez y “A propuesta del Sr. Velasco la Corporación acuerda dar el nombre de una calle al historiador conquense D. Trifón Muñoz y Soliva”. Se refiere al teniente de alcalde, Julián Velasco de Toledo, que fue director de “La Ilustración Castellana” y “El Dia de Cuenca”, quien en este diario (ya no era director) escribía tres días después del acuerdo, con el seudónimo de “El TioCorujo” que utilizaba para sus celebrados versos y artículos, un artículo laudatorio, en primera página con este título: “El concejo dedica una calle a su historiador”.

Este acuerdo no se llegaría a cumplir por aquella Corporación Municipal y siguientes.

Es obligado, por mi parte indicar que, según refleja la prensa, en aquel distante año de 1926 el estado de las calles de la capital ofrecían un espectáculo vergonzoso, muchas de ellas sin rotulación, con barrios enteros como Tiradores en la ladera del Cerro del Socorro, Pérez Galdós paralelo al rio Júcar, antigua Carretera de Madrid junto al barrio de San Antón y Santiago López, conocido como barrio de  Los Moralejos, sin ninguna casa con numeración e inexistencia de ordenación de calles, lo que obligaba permanentemente a dirigirse al alcalde de turno y a la Jefatura Provincial de Estadística para recordar esta lamentable situación y urgir a su pronta solución.

¡ Por fin!, cuando era alcalde Rodrigo Lozano de la Fuente, se decidía el 15 de febrero de 1965  confirmar y revalidar lo ya aprobado cuarenta años antes y actualmente continúa existiendo la calle Canónigo Muñoz y Soliva, en el lugar conocido por el barrio del Cerro de Molina, sin ningún detalle atractivo en esta pequeña vía pública.

Con un paso más en el tiempo, otro en este artículo, nos encontramos en el año 2002, cuando la Diputación Provincial de Cuenca, a través del Servicio de Publicaciones reprodujo acertadamente en edición facsímil el citado “Noticias de todos los Ilmo. Sres. Obispos que han regido la Diócesis de Cuenca ….” y para completarlo el canónigo penitenciario, Domingo Muelas Alcocer tuvo la feliz idea, convertida en realidad de continuar la serie de prelados que gobernaron la diócesis, aportando datos muy interesantes. El título “Episcopologio Conquense 1858-1997”.

Concluyo expresando mis simpatías por el célebre Canónigo D. Trifón Muñoz y Soliva, culto, laborioso, inteligente y erudito que con todos sus desaciertos y errores, privado de medios, exceso de imaginación y otras cuestiones, prestó importantes servicios a la diócesis de Cuenca, vilipendiado por muchos de los que se han aprovechado de sus trabajos haciéndolos propios, durante siglo y medio.

 

LA OBRA DEL CANÓNIGO MUÑOZ Y SOLIVA

1. Aventuras de Rústico Di-Más de Quincoces. (3 volumenes). Traducción libre del “Rústico-dime- coceadora” 1844-45 novela.

2. Noticias de todos los Ilmos Sres. Obispo que han regido la diócesis de Cuenca, aumentadas con los sucesos más notables acaecidos en sus pontificados y con muchas curiosidades referentes a la Sta. Iglesia catedral y su cabildo y a esta ciudad y su provincia. 1860

3. Historia de la muy N.L é I ciudad de Cuenca y del territorio de su provincia y obispado desde los tiempos primitivos  hasta la edad presente. Tomo I 1866 y Tomo II 1867

 

-Fundador del periódico “La Honda de David, periódico católico, joco-serio y contundente.     

-Colaborador activo de “La Juventud Católica” (periódico bisemanal conquense).

-Director y redactor del Boletín Eclesiástico del Obispado de Cuenca (iniciado bajo la dirección de los canónigos Muñoz y Escribano. Año 1854