EL CONDE DE ROMANONES Y SU CALLE EN CUENCA

Antonio Rodríguez Saiz


Era costumbre hacía siglos de poner los nombres de las calles, principalmente, teniendo en cuenta los gremios y oficios que en ellas se ejercían, igualmente de nombres del santoral, perteneciente a la religión de Cristo y que aún, en muchos casos perduran en los callejeros. También hay ejemplos de supresión, unas veces acertadas y otras de forma ignorante o sectaria.

En Cuenca se mantienen y perduran nombres de calles que ya existían en el siglo XVI: calles de las Armas, Alcázar, San Andrés, Caballeros, Moneda, S. Gil, Sta. Lucía, Carretería, San Pedro, Plaza Mayor…

 Los acuerdos municipales, en la ciudad de Júcar, como en otros lugares, sobre los nombres de calles tienen un amplio catálogo de curiosidades, aciertos, errores, caciquismo, omisiones, sectarismo, aunque destacan en su callejero el recuerdo de personajes sobresalientes de Cuenca o relacionados con la ciudad en diversos campos y actividades varias junto otros de gran prestigio nacional e internacional.

Viene a mi recuerdo un punto conciso y sucinto del orden del día de la sesión ordinaria del Ayuntamiento celebrada el nueve de julio de mil novecientos doce presidida por el alcalde, Ladislao Langreo Contreras, quien junto con el concejal, Constancio Bermejo Guijarro proponen y se acuerda por unanimidad en el pleno “ de que se denomine calle del Conde Romanones, la que partiendo de la de D. Mariano Catalina (se refiere a Carretería) termina en la de los Tintes en la urbanización de aquellos terrenos”, en la zona comprendida en el plan de urbanización de las huertas.

Para situar al lector de qué vía urbana se trata, es la que actualmente y desde el año 1957 se conoce por Gregorio Catalán Valero (n. Osa de la Vega), uno de los héroes del Baler (Filipinas).

Una calle en el centro de la capital sin ninguna fachada relevante pues los edificios, eso sí, importantes que hay en ella presentan su parte posterior: edificio que fue Caja Provincial de Ahorros de Cuenca, Círculo de La Constancia, antiguo Banco de España, Correos y laterales de otros, Subdelegación del Gobierno, edificio de Sindicatos, Mercado Municipal (en muy lamentable estado). También en su lateral hay dos plazas, denominada de España y de los Carros y solamente dos edificios de viviendas al final de la calle, cercanas al río Huécar.

Pero lo que verdaderamente me llama la atención no es el nombre de una calle en Cuenca dedicada en 1912 al conde de Romanones (Álvaro de Figueroa y Torres), que ya tenía una amplia dedicación política sino la controversia suscitada en el seno del Ayuntamiento, principalmente por el proceso seguido.

Reseñar, eso sí, que ese año era presidente del Congreso y Grande de España desde 1911.

Por ser la biografía de D. Álvaro conocida en demasía sólo recordaré que desde 1888 a 1936 fue diputado por la vecina provincia de Guadalajara, un ejemplo de político maquinador que manejaba su feudo electoral con caciquil desenvoltura.

Además, fue: 3 veces presidente del Consejo de Ministros, presidente del Congreso y Senado, 17 veces ministro.

Una cifra espectacular de permanencia en el poder del “travieso conde”, como diría el general Berenguer, quizás no alcanzada por ningún político español.

El célebre valenciano, Luís de Tapia, periodista y escritor satírico le dedicó en el reiterado año 1912 entre otros estos versos:

 

 

¡Vaya un conde con riñones!

¡Qué Álvaro! ¡Nunca fue un necio!

¡Vaya un señor Romanones!

……………………………..

……………………………..

Para el amo del Congreso

 tan sólo existe una Empresa

“¡Mandar mucho tiempo!” … (Eso es lo que al conde interesa)

Lo llamativo, como he dicho, de dedicar una calle al célebre personaje fue la controversia que hubo en el seno de la Corporación Municipal pues, aunque lo indicado anteriormente que hubo unanimidad  en esa fecha que se recuerda a S. Fermín en el calendario, fue seguida de una fuerte discusión y discrepancias en el siguiente pleno, cinco días después, al disentir de lo expresado en el acta de aquella sesión varios de los ediles presentes al terminar su lectura por el secretario.

El primero de ellos fue el concejal, Victoriano Muñoz Chumillas “para protestar de la forma en que se adoptó el acuerdo designando una calle con el nombre de “Conde de Romanones” extrañándole que no figuraba en el orden del día de aquel pleno y haberlo hecho sin la discusión que habría en otro caso producido, toda vez que, al hacer la propuesta pasada a estudio de la Comisión, se anunció la oposición que sufriría y no ha tenido”.

Seguidamente el alcalde, Langreo Contreras contestó al edil discrepante recordando que los defectos e imperfecciones que pudieran existir era por motivo que los concejales no asistían a las comisiones ordinarias ni a los plenos convocados “habiendo de sustituirlos los que puntualmente concurren informando o adoptando acuerdos en segunda convocatoria, aunque sea muy limitado el número si bien el anuncio se incluyó en el orden del día con el epígrafe de Informes de Comisiones, y uno de los emitidos es el del acuerdo que se comenta”.

Llevaba razón la primera autoridad municipal pues la ausencia de los regidores de la ciudad, algo frecuente y reiterado, era motivo de suspensiones y aplazamientos. Así se comentaba en la prensa de aquel tiempo como algo inexplicable la aversión que “al parecer tienen los señores del fajín con cáliz y estrella”.

Por supuesto que el concejal, Muñoz contestó al argumento del alcalde, recordándole el número insuficiente de concejales, sólo asistieron tres miembros. Escaso número para que el Conde se sintiese contento y complacido por el acuerdo.

Se adhirieron a la protesta el segundo teniente de alcalde, Rafael Blasco y Cobo, los concejales Pedro Serrano Muñoz y Manuel Caballer Urios, e igualmente el concejal síndico, Mariano Zomeño Cobo, elegido por la Corporación para cuidar sus intereses, quien lo hizo de forma más dura y contundente acusando de haber informado la Comisión sin mayoría absoluta que se requería y advirtiendo que podría hacer un recurso de apelación, medio de impugnación para que una instancia superior solucionase el hecho.

No intervinieron en la discusión el primer teniente de alcalde. Bartolomé Rodríguez Amador y los concejales Baltasar Jiménez Zapatero y Constancio Bermejo Guijarro.

Después de tan severo debate lo sorprendente es que finalizase la discusión así: “y a propuesta de la redacción del acta, el Ayuntamiento acordó por unanimidad aprobar la redacción del acta, extendida por la sesión ordinaria anterior”. Algo difícil de comprender y entender, pero así está escrito en el libro de actas y lo cierto es que el Conde de Romanones tuvo una calle dedicada en la ciudad de Cuenca desde 1912 hasta el 15 de marzo de 1957 (casi 45 años) que el Ayuntamiento cambió y puso el nombre de Gregorio Catalán Valero.

No fue únicamente el nombre de una calle dedicada al conde, sino que en aquel pleno municipal ordinario (9-7-1912) hubo dos despropósitos y fuera de razón, en mi opinión, al adoptar también, el acuerdo de cambiar el nombre de la calle de San Juan por el de General Lasso y así se mantuvo hasta el 1 de marzo del año 1943. El Ayuntamiento presidido por Jesús Merchante Sánchez se la dedicó al General Mola, con protesta de los familiares del militar conquense que no fue tenida en cuenta. Sería en 1992 cuando de nuevo cambió el nombre de la calle y vuelto al antiguo en honor del Precursor, S. Juan.

Igualmente se aprobó sustituir el nombre de la histórica y antigua calle de S. Pedro por el de Carrillo de Albornoz (con error incluido), acuerdo que, afortunadamente, no se llegó a realizar. No sería el único intento.

Son pequeños datos concretos, entre otros, de las distintas transformaciones que ha tenido el callejero conquense donde aún están ausentes insignes nombres aquí nacidos, como el jesuita e importante teólogo, Fray Luís de Molina; el conquistador y explorador Juan Pardo; Alonso García Ramón, militar y gobernador de Chile; José Niño Astudillo, profesor de varias generaciones de conquenses; Enrique Domínguez Millán, escritor, con artículos y libros excelentes dedicados a Cuenca…. A estos nombres seguro que el lector podrá añadir otros que merecen este reconocimiento y se debería hacer.


Septiembre 2021