Antonio Rodríguez Saiz
EMIGRADOS PORTUGUESES EN CUENCA
Antonio Rodríguez Saiz
Cuando en el año 1.912 comenzaba la canícula, estadísticamente los días más calurosos, la pequeña, tranquila y olvidada ciudad de Cuenca, con alrededor de 12.000 habitantes, se veía sorprendida y conmocionada por un hecho inesperado, algo no imaginado, esta vez procedente del vecino país de Portugal.
Una breve nota en la prensa local dio a conocer la llegada de varios emigrados portugueses a la capital, a disposición del presidente de la Audiencia Provincial, que estaban expulsados de su país y provisionalmente recogidos en los pueblos españoles junto a la frontera.
Tres días más tarde la cifra se aumentaba en un centenar y en fechas sucesivas eran numerosos los que lo hacían, también por tren, sin previo aviso por el Gobierno de Su Majestad con lógico desagrado de las autoridades conquenses.
Cuenca había sido designada por el Gobierno para recibir y albergar a los portugueses expulsados de su territorio después del nuevo intento fallido durante los días 6, 7 y 8 de julio por restaurar la Monarquía que había sido derrocada dos años antes y reemplazada por la Primera República que duró hasta el golpe militar del año 1.926.
En aquel tiempo la República como forma de gobierno solamente en Europa estaba en Francia, Suiza y el pequeño estado de San Marino.
En un artículo publicado en El Liberal con amplia información se podía leer un párrafo, algo más que un lamento, recordando las aspiraciones y problemas que urgían a la ciudad, así como la falta de respeto a sus representantes. Decía así:
“De esta ciudad Noble , Leal y hospitalaria, cenicienta de sus hermanas las demás capitales españolas, se ha acordado el Gobierno de Madrid para hacerle sentir los rigores de los desatinos oficiales , satisfaciendo sus anhelos de albergar guarnición o de poseer escuela normal de maestros o academias o archivos militares enviándoles una muchedumbre de hombres extraños pobres, casi harapientos como queda un ejército después de la campaña, entregándolos en principio al amparo particular, pues ni se consultó con el Municipio ni tuvo en consideración el Gobierno el problema de alojar a tan considerable número de gentes”.
Se detectó, por parte de los vecinos, cierta falta de sensibilidad al elegir a Cuenca, principalmente por el presidente del Consejo de Ministros, José Canalejas Méndez y del ministro de la Gobernación, Antonio Barroso Castillo.
Junto al sentimiento de disgusto de la población se advertía una acción y apreciación de hospitalidad y ayuda para los realistas portugueses expulsados de su país por sus ideas políticas, viéndose obligados a vivir en el exilio, siempre doloroso, que tantos ejemplos nos señala la Historia.
En la memoria colectiva estaba presente la visita que realizó Canalejas a Cuenca y sus promesas cuando era ministro de Agricultura, Industria. Comercio y Obras Públicas, con motivo del hundimiento de la Torre del Giraldo de la catedral, diez años antes.
Al tener conocimiento el gobernador civil interino y presidente de la Diputación Provincial, Victoriano Ballesteros Rubio de la llegada a Cuenca de exiliados realistas portugueses y con el fin de prevenir y anticiparse a enfermedades infecciosas, unido a proporcionar una adecuada ubicación de los expatriados, convocó a las autoridades locales.
En principio fueron alojados en fondas y posadas, colaborando el vecindario con la donación de ropas y calzado.
Solicitó la primera autoridad provincial, al alcalde Ladislao Langreo Contreras, que por parte del Ayuntamiento presidido por él, cediera el edificio de la Merced, de propiedad municipal, petición que fue aceptada inmediatamente, procediéndose a la instalación de camas, bancos del seminario, habilitando espacios…
Inmediata fue también la colaboración humanitaria del obispo de la diócesis, Wenceslao Sangüesa y Guía con la cesión del convento de san Pablo, entonces destinado a seminario menor (actualmente Parador Nacional de Turismo), desalojándose la Merced, pudiéndose ser alojados de inmediato 334 emigrados portugueses en improvisados, pero aceptables e higiénicos dormitorios con abundante agua que llegaba de la cercana y conocida fuente de Don Fernandico.
El día 23 de julio el obispo Sangüesa escribía al alcalde esta carta “Correspondiendo a su noble y caritativa invitación donde le comunicaba el envio de ropa nueva en menor número por él deseado al no encontrar la apropiada, completando al día siguiente como se observa en una nueva misiva:
“Mi muy querido amigo: Cumpliendo con lo que ayer le indiqué le remito
Camisas 55 que con las de ayer hace 103
Calzoncillos 74 que unidos a los 26 de ayer son 100
Sabe que siempre quedo a su disposición su afmo amigo s. s. q.b.l.m.
+ Wenceslao,Obispo de Cuenca“
Por parte de la Administración de Madrid se recibieron camas en número insuficiente por lo que se solicitaron más y el Parque de Sanidad Civil envió una máquina desinsectadora que resultó de gran utilidad y eficacia.
No era menor el problema de las comidas, solucionado por las Hermanitas de los Pobres que elaboraban dos comidas al día recibiendo por ello una peseta diaria por cada uno de los portugueses emigrados.
Durante los primeros días de su estancia se les veía deambulando y desorientados por las calles en pequeños grupos con cierta timidez, propia ante situaciones en territorio extraño, también en la zona acotada para ellos en el río Júcar a su paso por la capital y así poder bañarse, con tranquilidad en aquellos días calurosos
Transcurridos algunos días sus paseos eran más tranquilos e incluso conversando y familiarizándose con los conquenses.
Es curioso destacar que coincidiendo con su estancia en la capital hubo un desfile de la Guardia Civil con un recorrido desde la iglesia de san Antón por las calles Calderón de la Barca, Mariano Catalina (Carretería), hasta el cuartel de san Francisco, con la banda provincial de música dirigida por el maestro Nicolás Cabañas.
Al finalizar este desfile también lo hicieron 200 de los desterrados monárquicos comenzando en el convento de san Pablo hasta san Antón.
Los primeros que pusieron fin a su exilio en Cuenca lo hicieron viajando hasta Francia, abonando sus gastos de viaje, por tener un buen poder económico, después en agosto lo hicieron 155 en ferrocarril hasta Cádiz donde embarcaron con destino a Brasil en la esperanza de su regreso pronto a Portugal, restaurada entonces la Monarquía. ¡Vano deseo!
Todos los gastos ocasionados fueron abonados por el Gobierno de España, ante la negativa del Gobierno de Portugal, presidido por el primer presidente electo de la República, Manuel José Arriaga.
Antes de su despedida en la estación con presencia de las autoridades y vecindario recibieron en la sede del Gobierno Civil 2 pesetas cada uno por parte del ministro de la Gobernación y el periódico conservador y católico El Debate, que se publicaba en Madrid y había abierto una suscripción de ayuda a los emigrados.
En el periódico conquense El Liberal se publicó un poema titulado “ El canto de los desterrados”, firmado por Ignacio Docavo y Nuñez.
En su séptima estrofa se leía:
“Alma desterrada, tan triste tan sola / olvida un momento las penas sufridas/ Y échate en los brazos del alma española / Que quiere tan solo curar tus heridas/.“
Cuando se cumplía un mes de la llegada de los portugueses a Cuenca, el gobernador civil interino, Ballesteros Rubio fue llamado a Madrid por el presidente Canalejas para ser informado con detalle en relación con la estancia en Cuenca de los exiliados portugueses, siendo felicitado por el presidente por el trato y atenciones que se le estada dando a los portugueses y la solución de los problemas que diariamente sucedían, igualmente por la hospitalidad y comportamiento del vecindario conquense.
Efectivamente los conquenses ofrecían un buen respeto y comportamiento con los portugueses expatriados separados forzosamente de su tierra por razones políticas, alejados de su habitual residencia.
Así en reunión de la Junta Provincial de Sanidad (22-8-12 ) a propuesta del gobernador se tomó el acuerdo de “ dar las más expresivas gracias al pueblo de Cuenca por las facilidades que ha encontrado en todos los habitantes de la capital para llevar a cabo la delicada misión que el Gobierno le había encomendado al destinar aquí a los portugueses sintiéndose orgulloso de estar al frente de un pueblo en donde brillan con intensa luz en su escudo heráldico la afabilidad, la caballerosidad y el amor al prójimo “.
Se llegó a anunciar una representación teatral en el teatro Ideal Artístico organizado por aficionados emigrados portugueses “dedicada a las autoridades y al benemérito pueblo de Cuenca “.
La recaudación era deseo que fuese para las familias conquenses sin recursos económicos necesarios.
El teatro Ideal Artístico estaba situado en la calle Herreros núm. 5 (actual
José Cobo) frente al jardín, entonces no existía, de la Plaza de la Hispanidad. Era su promotor y propietario el gobernador interino, Victoriano Ballesteros.
Al finalizar el mes de octubre eran 61 los portugueses alojados en el convento de san Pablo, de ellos 3 llegados recientemente, aunque poco a poco se iban marchando de Cuenca y según lo acordado lo hacían en pequeñas expediciones de 6 con dirección a la capital de España, donde pasaban directamente a las órdenes del gobernador civil de Madrid.
Desde la capital de España su destino principalmente es Brasil donde había gran cantidad de inmigrantes, especialmente portugueses e italianos por el progreso industrial que estaba experimentando el país y sus grandes plantaciones.
Cinco portugueses decidieron quedarse a vivir en Cuenca, por su cuenta.
Se fijó la fecha de terminar la evacuación el día 17 de diciembre y se finalizaba un corto pasado de la Historia de Cuenca, preterida y desatendida, una vez más pero, ejemplo de solidaridad de sus habitantes con personas en situación de ayuda y comprensión por sus ideales políticos
Junio 2.026
Fuentes consultadas:
Archivo Municipal de Cuenca: legajo 2155, expte.5 ; leg.2.162,expte. 14
Periódico El Liberal, julio a diciembre 1.912