CUENCA Y SU TRANVÍA DESEADO

Antonio Rodríguez Saiz

 

El acceso a la parte alta de la ciudad de Cuenca, por su propia configuración, ha sido a través del tiempo motivo de preocupación para sus habitantes y regidores municipales intentando moderar o suavizar con soluciones e intentos de todo tipo el problema que aún perdura en el momento presente.

A propósito de ello con la única intención, una vez más, de abrir una pequeña hendidura de nuestra historia me parece oportuno hacer saber a quienes no lo conocen un escrito de cinco de diciembre del año mil novecientos dieciocho que se encuentra en el archivo municipal con firma y rúbrica de varios vecinos residentes en la parte alta dirigida a los “Señores de la Junta Municipal de esta ciudad de Cuenca”.

Eran sus primeros firmantes, Pedro Ruiz, Francisco González Herreros, Santiago Lozano y Pedro del Olmo. 

La causa o razón del mismo, según se manifiesta en el sobredicho documento, fue que en sesión plenaria, la Corporación Municipal había votado en contra de consignar 1.500 pesetas para un proyecto de presupuesto y otra cantidad de 100.000 pesetas, ambas con la finalidad de construir una línea de tranvía en la capital. Era entonces el tranvía eléctrico un medio de transporte que proporcionaba a las ciudades utilidad y beneficio.

Se quejaban de la decisión tomada, “con la cual se causan a nuestro entender graves perjuicios a toda la población y muy principalmente al centro y parte alta de la Ciudad que tan necesitadas de hallan de medios que sostengan y aumenten, a ser posible, la poca vida que actualmente disfrutan. La población tiene derecho a ser atendida toda ser igual en sus necesidades”.

Consideraban igualmente en su justa petición que no estaban en colisión de intereses con la otra parte de la ciudad, sino que veían acertadas y beneficiosas las obras que se realizaban en la parte baja pero, reconociendo que en la parte alta se había perdido gran parte de su actividad, disminuido el valor de sus propiedades e igualmente una reducción significativa del número de vecinos.

Indudablemente esta parte, más antigua, colmada de grande historia, había sido con anterioridad lugar preferido por las clases más influyentes de la sociedad conquense: clero, propietarios, profesiones liberales, artistas, etc.

Eran claros y precisos en su petición aquellos sufridos paisanos firmantes y así se expresaban para que las cantidades antedichas fueran incluidas en el presupuesto de 1919 y destinadas al proyecto y construcción del tranvía urbano “consideramos que la construcción de la línea de tranvía urbano es hoy el único medio que podemos hallar para conservar la respetable e histórica parte alta de la población; y nosotros como vecinos que habitamos en ella y en ella radican nuestros intereses particulares; que cumplimos con nuestros deberes dentro de lo que afecta al municipio contribuimos en la medida correspondiente a cuanto le Ley exige, nos creemos asistidos de razón bastante para que se nos oiga y atienda en cuanto sea posible”.

No retrasó la Junta Municipal su contestación a esta petición y el día 12, una semana más tarde acuerda no acceder a lo solicitado en la instancia y en su lugar destinar un crédito de 5.000 pesetas para facilitar con esta subvención la creación de un servicio público de automóviles que realizarían el recorrido desde la estación de ferrocarril hasta la Plaza Mayor, dos puntos estratégicos en la vida diaria de una población de 12.392 habitantes.

Si la instalación de un tranvía eléctrico era rechazada rápidamente por aquella Corporación, días después, antes de la finalización del año (30-12-1918), en Pleno del Ayuntamiento se discutió una oferta presentada por, Juan Martínez Aguilar para hacer el servicio de transporte urbano, con automóvil de doce asientos, entre el edificio del Gobierno Civil (por aquella época estaba en la calle Fermín Caballero) y la Plaza Mayor, con seis viajes al día más otros dos desde la estación, coincidiendo con el horario del tren. Tendrían tres paradas “intermedias” en el Círculo de la Constancia (estaba en Carretería, donde después estuvo el Café Colón y el Cine España), junto al Puente de la Trinidad, sobre el río Huécar, próximo a su desembocadura y en la proximidad de la iglesia de S. Felipe Neri, de gran belleza interior, en la coincidencia de las calles Alfonso VIII y Andrés de Cabrera.

Por esta concesión recibiría el Ayuntamiento cincuenta pesetas diarias.

Después de un debate donde intervinieron el alcalde, Eduardo Moreno y concejales se decidió que se trasladase la petición a la Comisión de Hacienda y emitiese un dictamen, previo estudio de las condiciones ofrecidas. Eran breves, por aquellas fechas los plenos municipales como así lo indicaba el conocido periodista, Julián Velasco de Toledo (“El Tío Corujo”) que escribía sobre ello así: “Este simpático D. Eduardo gasta menos tiempo en celebrar sesión que decir misa un cura de Regimiento”.

Cierto es que la propuesta de Martínez Aguilar tampoco se realizó y con ello se llegaba al final, entonces, de una ilusión: enlazar la parte alta y baja de la ciudad de Cuenca por medio del transporte urbano.

Deseo y anhelo de conseguir un bien necesario para la ciudad que había comenzado hacía más de una década según la prensa (La Voz de Cuenca, 22-9-1907 nº 6 pág. 4) que se hacía eco de la inminente constitución de una sociedad para establecer un tranvía eléctrico que desde la estación haría el recorrido hasta la Plaza Mayor en la parte alta de Cuenca que se iba grandemente deteriorando con abundancia de derribos en edificios de todo tipo según demuestra, entre otros, el escrito al Ayuntamiento de 75 vecinos de esta parte de la ciudad solicitando que no se concediesen licencias para demoler. No tuvo el resultado favorable que pretendían.

Un avance importante ¡por fin!, después de varios años de espera para paliar, en parte, el problema del transporte urbano en Cuenca se produjo el 1º de abril del año 1927 con la inauguración del recorrido desde el Gobierno Civil hasta la Plaza Mayor de “El coche de Bonilla” del recordado propietario Sebastián Bonilla Fuentes (n. Tarancón), muy apreciado en la ciudad por su trabajo y honradez.

Concluyo este artículo, pero antes pienso que su título no podría valer para la ciudad hermanada de Cuenca (Ecuador); su gentilicio es “cuencanos”, porque y desde el año 2020 se benefician de un tranvía, que recorre su territorio con una longitud de 20,4 Kms (ida y vuelta), transporta diariamente alrededor de 130.000 pasajeros.

Aquella Cuenca ecuatoriana que además mandó fundar nuestro paisano y virrey, Andrés Hurtado de Mendoza, es la tercera ciudad más importante de la República del Ecuador en América del Sur con más de 600.000 habitantes.

 

Diciembre 2021