LA CIUDAD ENCANTADA, SITIO NATURAL DE INTERÉS NACIONAL

Antonio Rodríguez Saiz

 

Creo que se puede afirmar, sin temor a equivocación, que de todos los bellos parajes de la Serranía de Cuenca la Ciudad Encantada es el más conocido a nivel mundial. Justo es reconocer, expresar gratitud y reconocimiento a quien fue catedrático de Historia Natural y fundador de la Oceanografía en España, Odón de Buen y Cos, gran propagador y divulgador de sus bellezas naturales hasta entonces un paraje prácticamente desconocido. En 1913 se le dedicó una calle en Cuenca (antes Tintes) pero su nombre sería suprimido del callejero en 1943, volviendo a llamarse calle de los Tintes.

Sinceramente creo que nunca debió quitarse este nombre por el profundo significado histórico que recuerda, pero, con la misma sinceridad debo manifestar que el insigne y prestigioso catedrático universitario debe volver a tener una calle dedicada en otro lugar de la ciudad.

Situado el espectacular paraje de la Ciudad Encantada en un espacio dentro del monte conocido por Terrazgo de Valdecabras, extensa muela a unos 1500 metros de altitud que antiguamente perteneció al Mayorazgo de Barrientos y adquirida por subasta el año 1916 (dos años antes de su fallecimiento) por, Juan Correcher Pardo industrial maderero afincado en Cuenca que llegaría a ser diputado y senador por la provincia. Es por ello de propiedad privada y está declarada Sitio Natural de Interés Nacional.

Fue el día 15 de julio del año 1927 cuando por Real Orden se crea esta figura de protección de la Naturaleza para distinguir a los parajes españoles de gran belleza natural, pintorescas formas de sus rocas, vegetación y vistas, entre otras.

Por ello, no es extraño que al paraje de la Ciudad Encantada, que cumplía amplia y sobradamente con los requisitos exigidos, le fuera concedido el título (que se adjudicaba por segunda vez en España) de Sitio Natural de Interés Nacional, al mismo tiempo que a la Dehesa de Moncayo de Tarazona (Zaragoza) y Picacho de la Virgen de la Sierra (Córdoba). Distinción por Real Orden (239/ 1929) del 11 de julio del año 1929, cuando era ministro de Fomento, Rafael Benjumea y Burín conde de Guadalhorce durante el directorio civil de Primo de Rivera.

Había sido solicitado el titulo, que se comenta, por las corporaciones oficiales de Cuenca y destacados personajes conquenses o muy arraigados en esta tierra destacándose principalmente, entre todos ellos, el escritor y después académico de la Lengua Española, Luis Martínez Kleiser, gran divulgador de las bellezas naturales de la provincia, sus monumentos, valores artísticos y culturales, etc. Fue Hijo Adoptivo de Cuenca, donde una calle lo recuerda e igualmente en Valdecabras, en cuyo término está situada la Ciudad Encantada, incorporado a la capital el año 1975.

Reflejaba la Real Orden una descripción de   la Ciudad Encantada que me permito reproducir para conocimiento de aquellos que no han tenido oportunidad de su lectura hasta ahora:

 “La erosión de las aguas meteóricas y, en general, las acciones de la intemperie han producido en el transcurso de los tiempos geológicos un laberíntico y extraño conjunto de peñones de aspectos singulares, a modo de enormes monumentos de formas bizarras, estrechos por la base a modo de pedúnculo y ensanchados en lo alto. Se observan también puentes y portadas gigantescas y edificios naturales de traza ciclópea y fantástica, semejando algunos grandes navíos varados entre los pinos que, espaciados o en rodales, dan amenidad al insólito paisaje, contribuyendo el roquedo y la vegetación conjuntamente a originar esta formación natural extraordinaria”

En el texto de la Real Orden también se aconsejaba la visita a la Peña de la Maza, cercana a la explanada de entrada a la Ciudad Encantada para contemplar y disfrutar, principalmente, de la grandiosidad de la Muela de la Madera.

Se indicaba el recorrido más conveniente (entonces) para la visita a la Ciudad Encantada, bordeando el río Júcar hasta llegar al kilómetro 29 donde existía una casilla de peones camineros y cuyo relato es coincidente con el de Martínez Kleiser donde se cambiaría “el muelle asiento del rápido automóvil- escribía-por el ancho albardón de un rucio indócil y despeluzado y caminar después, lenta y trabajosamente, sobre sus lomos por trochas y vericuetos “ hasta llegar a la Ciudad Encantada.

A raíz de la declaración de Sitio Natural de Interés Nacional a la Ciudad Encantada el pueblo de Valdecabras reaccionó muy positivamente y se creó una Junta Local de Turismo presidida por su alcalde, Sixto Martínez, con la especial colaboración del cura párroco, Mauro Sánchez y así colaborar en dar una buena impresión al visitante. Debe añadirse que a ello, se unieron guías de la localidad por un precio asequible de cinco pesetas y si se proporcionaba una caballería para hacer el recorrido se cobraba otra cantidad igual.

Esta distinción que comentamos, sin duda, sería motivo posteriormente para que el profesor y Cronista de Cuenca, Juan Giménez de Aguilar presentase una proposición al presidente de la Comisión Gestora de la Diputación (y concejal del Ayuntamiento de  Cuenca), Gregorio Manuel Fernández Redondo  para que se solicitase la declaración de  “Sitio de interés nacional” de las hoces del Júcar y del Huécar, de una porción de  Los Palancares, del Castillo del Rey en  Pajaroncillo, y de las hoces de Beteta y del Cuervo, también muy merecedoras  de la distinción

La  Comisión Gestora Provincial, que había  sido nombrada por el gobernador civil ,en su sesión plenaria del día ocho de agosto del año 1931 tomó el acuerdo por unanimidad de acceder a la propuesta del Cronista de Cuenca y  de dirigirse a la Comisaría de Parques Nacionales que había sido  constituida en la capital de España a principios del mes de junio de ese año, en sustitución de la  Junta de Parques Nacionales, ubicada en el edificio del  Ministerio de Agricultura pero esta vez, el deseo no se vería hecho realidad.                 

   Mayo 2023