LA CUESTA DE LA MERCED O DE BARREDA

Antonio Rodríguez Saiz - Febrero 2018

 

Si algún visitante busca, en su visita a Cuenca, en un plano callejero un espacio urbano llamado Anteplaza se llevará la sorpresa de no encontrar su ubicación pero si, por el contrario, pregunta a cualquier conquense o residente por su situación le indicará que es una pequeña plazuela de unos dos siglos de antigüedad, cuyo contorno está delimitado por la parte posterior del edificio de la Casa Consistorial o Ayuntamiento, con sus tres arcos, concluido en 1762; frente a él se sitúa el antiguo convento de la Merced (en la actualidad residencia de las monjas, Esclavas del Santísimo Sacramento “Las Blancas” con su pequeña capilla, edificio que sufrió las tropelías de las tropas francesas en la Guerra de la Independencia y posteriormente, en el mismo siglo los impactos producidos por los carlistas en la infausta jornada de julio de 1874; las huellas de sus proyectiles hasta hace pocos años se veían en esta fachada de la Anteplaza.

Aquí es donde se inicia la calle Alfonso VIII, con los primeros números de ella, hasta 1881 llamada Correduría desde tiempo inmemorial que , termina junto a la iglesia de San Felipe Neri, felizmente restaurada, cuya austera fachada no muestra indicios ni advierte de la brillantez que alberga en su interior joya del rococó.

Hay un hecho, casi puede considerarse anecdótico y es que, si tuvo nombre el lugar que estamos refiriendo, aunque no he visto reflejado en ningún documento donde se indique, exceptuado el acta municipal del 8 de octubre de 1917 cuando los regidores de la ciudad de Cuenca en pleno acordaron poner a la Anteplaza el nombre de Plaza de Lamperez en homenaje al arquitecto, afirmó el alcalde, Eduardo Moreno de quien partió la propuesta, al gran interés y entusiasmo que había demostrado en dar a conocer el gran valor artístico de la Catedral Basílica. Fue una sesión, por otra parte, anodina, de poco contenido e intranscendente, igual que la segunda convocatoria, a continuación, con la Junta Municipal de Asociados, sin ningún tipo de ruegos y preguntas.

El autor del diseño de la portada de piedra fue el arquitecto municipal, Eduardo Torallas López que la diseñó con el fin de mejorar el hueco existente y a la vez para servir de puerta de acceso a las esplendidas vistas de la hoz del rio Jucar y al barrio e iglesia de San Miguel.

Ante ello, la Corporacion Municipal (3/10/1955) tomó la decisión de aprobar el presupuesto que había presentado la empresa F.Martinez y Hermanos para su construcción por importe de 3.075 pesetas, precio que costó realizar e instalar la portada, como en la actualidad la vemos, siendo abonada con cargo a la subvención que tenía el ayuntamiento concedida por el Estado para las obras en la parte antigua de la ciudad.

Decía, más arriba, que fue una acertada iniciativa, porque no hay mejor argumento para ello que ver las fotografías que ilustran estas líneas o recordar, quienes estamos en edad provecta, como era ese lugar por aquellos años de mediados del siglo XX: puerta de madera en mal estado, sin cerradura ni candado, siempre abierta que servía de difícil tránsito por el pasaje breve y angosto hacia la huerta de Molina (así llamada), muy frecuentada, especialmente, por mozalbetes, en la época de recogida de nueces que ofrecían las robustas nogueras que en la citada huerta había; aunque el principal servicio del pasaje era servir de comunicación con la parte trasera y baja del Seminario Conciliar de San Julián para llevar paja y alimento al ganado vacuno allí estabulado por un pequeño camino que en la actualidad aun se ve, indudablemente más pequeño por su nulo transito.

 

 

 

 

 

 

 

No quiero extenderme en recordar otro uso que se daba al pasadizo de forma esporádica todos los años para las fiestas de la Vaquilla de San Mateo, en recuerdo de la reconquista de Cuenca: era destinado de “dormitorio” fugaz para aquellas pobres gentes de todos conocidos, en el degradante, vil y despreciable concurso de “mochuelos”.

Coincidió la aprobación del proyecto de la portada de la Anteplaza con una intensa actividad restauradora y mejora en este lugar –y otros- llamados desde hacía siglos Cuesta de la Merced o de Barreda, actualmente muy visitado y admirado durante todo el año.

Desde noviembre de 1955 se llevaron a cabo, en una primera fase, la consolidación de tierra para explanación, construcción de distintos muros de mampostería de cara a la ejecución de amplios miradores y así poder explayar la vista con la Hoz del Júcar al fondo; entubación de alcantarillas para saneamiento de la zona y asegurar un menor riesgo de daños que pudieran sobrevenir, añadiéndose por compra dos solares para ampliación de la llamada Huerta de Barreda a espaldas de su casa, ésta en la Anteplaza donde hoy está la Oficina Municipal de Turismo.

Fue su propietario Iván Barreda (siglo XVI), Canónigo y Deán de la Catedral donde está enterrado en la capilla que lleva su nombre o de la Asunción, al fallecer a los 95 años de edad.

 

Para la realización de las obras, en este hoy agradable recinto, se compraron piedras de tolmo labrado, otras procedentes de las canteras de Torrubia del Campo para bordillos; se aprovecharon –era una corporación austera y eficaz- las losas que se habían quitado de la antigua calle de San Pedro (en pleno momento de restauración), primera calle que tuvo la ciudad con esta configuración. Los canteros municipales hicieron la labra de los remates de la parte superior de los muros (albardillas) que sirven para protegerlos en caso de lluvia, nieve u otros agentes atmosféricos.

Asimismo, del mismo  modo, se colocaron dos rejas de hierro forjado procedentes de la provincia.

Dentro del acierto en recuperar este recinto, hoy emblemático de Cuenca, para lograr la prestancia que en la actualidad posee fue el traslado hasta aquí  e instalación de la antigua balaustrada o barandilla con pequeñas columnas de piedras que estaba situada en el atrio de acceso o pórtico de la Catedral, frente a su fachada principal, según puede verse en diversas fotografías, principalmente tomadas antes de la fecha del hundimiento de la torre del Giraldo (1902). Como es notorio y sabido la fachada del templo catedralicio fue desmontada para construir la actual, neogótica e inacabada, según diseño de Vicente Lamperez  y Romea, arquitecto restaurador de la catedral; algunas voces se han alzado en desacuerdo con esta decisión y lamentando su demolición. Hay opiniones, al respecto, de todo tipo.

La balaustrada de piedra con pequeñas y múltiples columnas fue una donación del Cabildo de la catedral de Cuenca, órgano que gobierna y administra el templo y colocada en la explanada de la llamada  Cuesta de Barreda, donde permanece con gran acierto y prestancia.

El ayuntamiento de Cuenca corrió con los gastos que originó el desmontaje de la balaustrada, puesta de las tierras en vertedero y su colocación en el lugar que hoy ocupa.

Todo ello había sido calculado por el arquitecto, Torallas en 3000 a 4000 pesetas aproximadamente.

 

La balaustrada, desde hace 60 años, cumple su función protectora y su agraciado balconaje permite asomarse sin peligro para contemplar el deslumbrante espectáculo que se observa: en frente el camino de penitencia y oración que conduce a la ermita de San Julián El Tranquilo, dentro de la hoz que forma el rio Júcar; iglesia de San Antón y la espectacular bajada al barrio e iglesia de San Miguel y casas cuyos cimientos lamen el verdor de las aguas que bajan de la serranía conquense.

Debemos cuidar y admirar este lugar que nos legaron nuestros mayores, con el máximo respeto.

Nota: Si alguien sabe el autor de las fotos antiguas, por favor que lo indique para poner su nombre debajo de ellas.