CUANDO LA TORRE DE MANGANA SE HIZO NEOMUDEJAR

Antonio Rodríguez Saiz

Es frecuente en edificios que son emblemáticos y representativos en las ciudades sin que por ello sean importantes obras arquitectónicas que causan admiración.

La Torre de Mangana de forma cuadrada y 28 m. de altura, situada en el espacio donde estuvo el antiguo alcázar es una expresión y ejemplo significativo de esta afirmación.

Anuncia con su presencia al viajero que la llegada a la ciudad de las hoces del Júcar y Huécar esta cercana y próxima. Es una especie de vigía, otea desde lo alto un gran espacio urbano y extensión de terreno que produce placer su contemplación,

Aunque hubo un tiempo que se consideró una torre de vigilancia o defensiva, su nombre también contribuyó a confusión, la realidad es mucho más sencilla pues su finalidad era para servir de sitio donde estaba instalado el reloj de la ciudad y para ello según el profesor Ibáñez en un principio se aprovechó una pequeña torre antigua que fue reparada para ese uso, siendo la referencia más antigua que hay en el archivo municipal del año 1493. (leg 10 expte 36) durante la época de los Reyes Católicos que dice así: “Primeramente ordenamos que se haga un relox en la ciudad de Cuenca, el cual se ponga en dicha ciudad y donde se oya en todas partes por quanto el que agora hay en el Iglesia Mayor no se oye en toda la ciudad onde fue acordado por la Justicia e Regimiento”. Estaba entonces el reloj de la ciudad en la torre de las Campanas de la catedral; es el año 1535 cuando por vez primera aparece documentado el nombre de “relox de Mangana”.

A través de los siglos han sido varias las ocasiones que la Torre de Mangana ha sufrido reparaciones, modificaciones y transformaciones por diversos motivos. De todas ellas la más llamativa fue en 1926, según proyecto del arquitecto municipal, Fernando Alcántara Montalvo.

Esta obra fue solicitada por el Concejo al técnico municipal para que recuperase y recobrase el carácter -se dijo- que había perdido por actuaciones calificadas de desdichadas.

Previamente se habría solicitado opinión al profesor, Juan Giménez Cano, bueno conocedor de Cuenca y su historia. D. Juanito Aguilar, que así se le conocía, visitó la Torre de Mangana y alrededores emitiendo un informe que dudo pudiera estar conforme con el resultado de la reforma ejecutada. Una torre neomudéjar en desacuerdo con el entorno y su propia historia.

¿Cuál fue el proceso de restauración al comenzar el segundo cuarto del siglo XX?

Fernando Alcántara, nombrado cuatro años antes, arquitecto municipal elaboró un proyecto, plan y presupuesto para la ejecución de las obras que presentó al Ayuntamiento, el día 5 de marzo de 1926. Sus datos principales eran:

-Revoco a la catalana en las cuatro paredes de la torre con esgrafiados sobre motivos de arte árabe mudéjar cuyos trabajos suponían casi la mitad del presupuesto elaborado. Según los técnicos se considera a la catalana cuando se colocan una o dos capas coloreadas, pero no en masa sino, por el contrario, cuando están secados; cornisa de hormigón de cemento modelado en almenas de sus cuatro lados; sustitución del remate metálico existente por un cupulín de estilo árabe mudéjar; cubierta de teja vidriada cerámica que fuese resistente a las altas, bajas temperaturas y fenómenos atmosféricos.

La Comisión municipal permanente en conformidad con el estudio presentado por el arquitecto Alcántara en su reunión del día 15 de ese mismo mes decidió y resolvió convocar un concurso anunciando las obras de reforma en la Torre de Mangana cuyo proyecto y pliegos de condiciones se publicarían en el Boletín Oficial de la Provincia y expuesto en el tablón de anuncios del Ayuntamiento, no admitiéndose proposiciones que excediesen la cantidad de 10.794 pts., con previa fianza del 5% presupuestado que se depositaría en la Caja del Ayuntamiento y con un plazo para realizar la obra de dos meses.

El concurso subasta concluido el plazo de presentación de ofertas quedó desierto por la no presentación de ningún licitador.

Hay que tener en cuenta que al precio máximo acordado había que añadir los gastos que originasen las pruebas que el adjudicatario se debía someter para demostrar su idoneidad, aptitud y profesionalidad en este tipo de trabajos antes de iniciar las obras de reforma de la parte superior de la Torre de Mangana, reparación del suelo, revoque en las cuatro paredes y la sustitución del remate metálico, como se ha indicado sin derecho a indemnización en el supuesto que las pruebas a que se sometía no fueran favorables y el añadido del pago de gastos realizados antes por el andamiaje para desmoronar la cornisa y piso de la torre.

Ante la anomalía y decepción que suponía la no existencia de ningún interesado para hacer la obra en las condiciones fijadas podía la Alcaldía en estas ocasiones, adjudicarla por administración, gestión o contrato directo “por requerir el estado del edificio de urjencia (sic) de su reparación”.

Se decidió por el sistema de administración invitando, para ello, al contratista, Cristóbal Pascual que estaba construyendo la Plaza de Abastos (donde actualmente está la Plaza de España) quien aceptó el encargo por la cantidad antedicha de 10.794 pts., según se había anunciado en concurso, dando conformidad seguidamente la Comisión municipal permanente, firmándose el contrato por ambas partes el 8 de mayo de 1926, certificado por el secretario municipal, Cesáreo Olivares Atienza.

Durante casi medio siglo esta fue la Torre de Mangana que sirvió para albergar el reloj de la ciudad (quedaría en silencio el verano de 1970), con su llamativa y colorista decoración de inspiración islámica y almenas que recordaban la catedral cordobesa.

Federico Muelas que la veía embozada en un raro atuendo mudéjar le dedicó una poesía donde entre otros versos leemos estos que reflejan nítidamente que no era agradable su aspecto al poeta conquense:

 

 

“Pido que te arranquen

el traje de máscara

que te hace mudéjar

porque sí”.

 

 

La torre que vemos ahora es obra del arquitecto, Víctor Caballero Ungría que hizo el proyecto, según memoria, por la absoluta necesidad de suprimir el pastiche árabe”. En otoño de 1972 tuvo efecto la recepción de las obras de restauración y reforma. Estos y otros datos más aparecen en uno de mis artículos titulado “La Torre de Mangana en la actualidad”.

Si  la reforma de 1926 no me agradó igualmente puedo decir de   esta última con su aspecto de torre fortificada que, repito, nunca fue. Es simplemente mi sincera opinión.

 

Fuentes consultadas:

- AMC Legajo 10 expediente 36

- AMC Legajo 2288, expediente 16

-cuencaenelrecuerdo.es

 

 

                                                                                   Abril 2022